Agua hervida por dos minutos, una cucharada de miel, una rodaja de limón, y solo un toque de leche suficiente para cambiar ligeramente el color.
Repasando mentalmente la receta que he preparado un millón de veces para no olvidar ningún detalle, preparé la taza de té perfecta, y con una media sonrisa en mi rostro, coloque la taza en una bandeja y me encamine a la oficina de mi padre.
La noche había caído hace ya mucho, y aunque al sol todavía le faltan bastantes horas para volver a alzarse en el cielo, con un temple inquebrantable, un hombre, que desde hace muchos años debería haberse retirado a descansar, trabaja en su oficina iluminada por un par de lámparas iridiscentes.
Desde mi posición de pie en el marco de la puerta, lo observé trabajar, pero con miedo de que el té quedará muy frío di dos leves golpes para llamar su atención, a lo que sin levantar la vista de su trabajo soltó un "Adelante".
Con la taza aún humeante entre a la oficina, y haciendo un poco de espacio coloque la bandeja al borde del escritorio.
Aún concentrado en su trabajo, dio un sincero "gracias" y tomó la taza a la que dio un sorbo, y acto seguido despegó de sus labios debido al calor.
— está caliente...
Soltó casi derramando la taza, pero finalmente despegando su vista del trabajo y notando mi presencia a lo que río levemente entre dientes.
— ¿Porque siempre me haces lo mismo?
Preguntó con una sonrisa mientras asentaba la taza y hacia a un lado los documentos que estaba leyendo.
— Es la única manera que tengo para que dejes el trabajo aunque sea por un momento y te tomes un descanso.
Negando con la cabeza mientras continuaba sonriendo, mi padre apilo los documentos en un montón, y los aparato mientras su expresión se volvía sería.
— ya es bastante tarde. En este momento deberías estar descansando, no tenías porqué haberme traído el té.
— Lo mismo podría decir de usted señor.
Contesté sabiendo que está misma conversación la hemos tenido miles de veces.
— Soy el Arzobispo, mi trabajo no termina hasta que esté terminado.
— y yo la comandante de la primera Legión y su guardia personal. Mi deber es estar a su lado.
Suspirando con resignación, tomó los documentos de la mesa, empezó a clasificarlos.
— Muy bien, muy bien, me iré a descansar pronto, solo déjame terminar ésto. Estoy en medio de algo importante y quiero tenerlo listo para mañana antes del mediodía.
Con leve interés, levanté la cabeza para ver qué era en lo que estaba trabajando, y una mueca se formó en mi cara cuando pude leer un par de líneas.
Al parecer estaba elaborando cartas de excomulgacion.
— Mi señor, con todo respeto, le había dicho que yo podía encargarme de las excomulgaciones. No tiene porqué pasar la noche en vela redactando acta por acta.
Mirando su trabajo de manera triste, mi padre negó con la cabeza y volvió a mojar su pluma en el tintero.
— está es especial Beatrix. Conozco al Obispo Du'Mont desde hace más de 30 años. Jamás creí que usaría los activos de la iglesia para crear una organización de tráfico de oro.
Sabía exactamente a lo que se refería, pero pregunte únicamente para estar segura.
— ¿Tráfico de oro, señor?
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Intentos Infinitos "2"
AcakContinuación de Reencarne como una villana con Intentos Infinitos.
