Aunque habíamos salido al alba, por la posición del sol era obvio que faltaban un par de horas para el ocaso, y cuando finalmente nos detuvimos en la cima de una colina, la pobre Briza estaba bañada en espuma y jadeaba casi moribunda.
Usando la cantimplora, hice por darle agua y me apresuré a soltar la silla para que pudiera descansar, había corrido demasiado para aguantar el ritmo del extraño, pero lo había conseguido de alguna manera.
Acariciándola, y sabiendo que no estaría para volver a tener una carrera semejante en quizás dos días, la dejé descansar mientras mi mirada se fijaba en el extraño que seguía montado en su negro corcel, y casi como si fueran uno, parecían mirar a un punto bajo la colina.
Mirando al mismo lugar que ellos, y sabiendo que en todo el trayecto, no vimos ni el menor rastro del grupo que supuestamente perseguimos, mi desconfianza comenzó a crecer, y las muchas preguntas que tenía empezaron a salir de mi boca.
— ¿Dónde está esa gente?
Interroge con cierto mal humor, desde hace un par de horas había empezado a tener la idea de que esté hombre en realidad pertenece al grupo de secuestradores y me había llevado en la dirección opuesta adrede, pero como aquella era una idea con poco sentido, en gran parte porque es mil veces más complicada, que solo matarme en el acto, decidí darle el beneficio de la duda.
Desmontando de su caballo, que aún después de la terrible carrera, seguía fresco con una respiración apenas agitada, el hombre sin dirigirme la mirada, se limitó a señalar un punto similar al de dónde habíamos llegado.
— Este es su punto de reunión. Tomamos otra ruta, nos hemos adelantado. Toca esperar.
Fijando la vista al lugar donde apuntaba, rememore el trayecto, y era verdad que nos habíamos salido del camino varías veces para cortar en una pradera, o atravesando un riachuelo, sin embargo, el nunca haber tenido ni la menor señal del grupo me generaba desconfianza, más cuando esté era un grupo grande, que además debía tener gente secuestrada con ellos. Obviamente, no podían avanzar muy rápido en un grupo tan numeroso, y menos aún en silencio.
— vendrán.
Declaró aquel hombre que había levantado su vista al cielo.
— el viento me lo dijo, toma otra ruta y adelantate. Que ellos vengan a ti y no tu a ellos.
Sin ya no estar en la penumbra, y poder verlo de frente, y no solo el perfil que veía desde su caballo, aquel hombre no era tan diferente a lo que me había imaginado. Por las arrugas de su rostro y sus canas, su edad debía ser alrededor de los 50, pero tenía el físico de alguien de la mitad de su edad, como había dicho, mantenía su cabeza afeitada cómo un monje, pero tenía una barba rala y descuidada que al menos no dejaba muy larga. Seguía descamisado, dejando al descubierto un montón de tatuajes que resaltaban incluso en su piel tostada, y colgando de su cinturón, había al menos media docena de pequeñas bolsas, y dos fundas dónde se asomaban los mangos de grandes dagas.
— ¿Quién es usted exactamente?
Pregunté incluso antes de interrogar sobre los secuestradores. Aquel hombre era extraño, parecía escuchar voces y a veces lo veía hablar solo, pero sé muy bien que en este mundo, las voces dentro de tu cabeza, rara vez son una invención de tu psique.
— nunca se pregunta un nombre sin dar primero el propio.
Respondió el hombre, a lo que tras dar una mirada a mi alrededor, le respondí.
— Soy Leonora, y…
— Ese no es tu nombre, no sabe a tu nombre.
Tras interrumpir, el extraño siguió murmurando lo que para otros serían locuras, pero para mí…
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Intentos Infinitos "2"
DiversosContinuación de Reencarne como una villana con Intentos Infinitos.
