18. Malas influencias

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Con una mueca de disgusto, de pié encima de una silla, terminé de cortar en trozos tamaño bocado toda la carne que había acumulado hasta ahora, el queso que también había reunido ahora estaba en un plato en pequeños cuadrados, y apilados en línea, tenía todo el alcohol que me quedaba. Suspirando para disipar mi enojo, miro fijamente al hijo de puta que prácticamente me había obligado a regalar mis tan preciados suministros.

— ¿Puedes volver a explicarme por qué estoy haciendo esto?

Sentado en una silla un poco apartada, se encontraba Cenizas mordisqueando un trozo de carne, era un poco perturbador verlo comer, debido a que una boca sin labios aparecía en su cara lisa, pero después de un par de minutos en los que estuve cortando queso y picando carne, mi enojo superó por mucho a mi aversión.

— Es bastante simple, guapa.

Contestó tragando sin ni siquiera masticar, un trozo de queso.

— tienes que ser una buena anfitriona. Es parte de las muchas reglas de etiqueta de los Aeones. Esta habitación cuenta como tuya, y eres la señora de la misma. Cuando invitas a un Aeon a tus dominios, tienes que ser hospitalario con él, y aceptar sus propuestas, es por eso que debes tener mucho cuidado con a qué clase de Aeones estás invitando. Sin embargo, si el Aeon tiene un lugar que designa como suyo, y logras hacer que te invité a él, este también está obligado a ser un buen anfitrión.

Llevándose otro trozo de carne a la boca, Cenizas levantó una de sus manos para hacer énfasis.

— debes tener mucho cuidado con lo que dices, si llegaras a decir algo que pueda sonar como una invitación puede costarte muy caro. Lo mismo te diría que si logras ser lo suficientemente lista como para engañar a un Aeon y este te haga una invitación. Pero si te aprovechas demasiado de su hospitalidad, ten por seguro que no lo va olvidar. El rencor de un Aeon puede ser eterno. He sabido de algunos que han perseguido a humanos que les han hecho jugarretas durante varias reencarnaciones.

— Ajá. Eso me quedó más o menos claro la primera vez. Ahora, ¿Me puedes volver a explicar la parte en que tienes a una niña de 4 años, cortando y preparando comida a las 3 de la mañana?

Riendo de una manera un poco estridente, que me preocupo que pueda ser escuchado en el pasillo. Cenizas únicamente se acomodó en su silla.

Soy el festejado, ¿De verdad me vas a hacer preparar mi propia fiesta?

— Eres un hijo de puta...

— creí que esa parte ya la habíamos establecido.

Apunto de tirarle el plato a la cara. Sentí un escalofrío en la espalda y una especie de acumulación de estática apareció en la esquina de la habitación. Poniéndose de pie, Cenizas se acercó, y me susurró "ya llega"

Bajando de un salto de la silla, sacudí ligeramente mi túnica y me quedé mirando en la dirección de la estática.

De un momento a otro, una sombra con una figura vagamente humana apareció. Sus brazos y piernas eran horriblemente delgadas y alargadas, haciendo que su torso que ya era demasiado pequeño, fuera aún más risible. Lo más perturbador de la figura era su cabeza, que lejos de ser normal recordaba al cráneo de un ciervo con enormes astas. Pese a que la figura era únicamente una silueta, y no podía ver detalles del color, había algo en el lugar donde debían estar los ojos qué me hacía helar la sangre.

Parpadeando para evitar ver los ojos de la criatura, desvíe de la mirada poco más de un segundo, y cuando volví a mirar, en el lugar donde estaba la perturbadora silueta había un hombre elegantemente vestido con un chaleco gris oscuro, y un sombrero de ala ancha que le cubría la mitad superior de su rostro. Era, el vendedor ambulante.

Intentos Infinitos "2"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora