45.5 Punto de vista de Eris 2

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Una veintena de mis sirvientes servían una amplia y ostentosa mesa. Los vinos más caros, los cortes más selectos, los frutos más dulces, y los aperitivos más delicados. Todos esos manjares y aún más, fueron preparados por los mejores cocineros, y servidos en la cubertería más fina y elaborada.

Una vez terminado de servir, con un movimiento de la cabeza les hice saber que se retiren, había dado la orden de no ser molestada, ni por mi esposo, y aunque me doliera en el alma, mucho menos por mis hijos.

Una vez supe que estaba sola, y comprobé que no había nadie escuchando a hurtadillas, tomando una hoja de papel, pluma y tinta, me puse a escribir una invitación. Cuando estuvo lista, haciendo un pequeño corté en mi dedo índice, firme la hoja, y al apenas levantar la vista, en la silla vacía que había al otro extremo de la mesa, había aparecido un hombre.

Era bajo, y estaba gordo, su ropa aparentaba clase, con esa idea tan absurda en la que los plebeyos creían que se vestían los nobles, con ropas multicolor de aspecto caro, pero sin el más mínimo gusto para combinar sus prendas, un sombrero cubría su cabeza, ocultando un principio de calvicie, y una pluma multicolor, de alguna ave que me resultaba imposible de identificar, adornaba la solapa de su sombrero.

–– Buenas noches madame. Goderrik Sinclairr a sus serrvicios.

Declaró el hombre levantando una copa vacía que había delante suya, hablando con un acento extraño que arrastraba mucho las R.

–– Señor Goderik.

Dije levantando mi taza de té a modo de devolver el saludo, dándome cuenta que la invitación había desaparecido de la mesa.

Mirando a su alrededor, evaluó la ofenda con una tenue sonrisa en sus labios, tomando una botella de vino que estaba en una cubeta con hielo, la descorcho, y llenó su copa hasta la mitad.

Haciendo girar el líquido, probó el buqué, y mientras observaba el líquido girar en su copa, sin levantar la vista, declaró.

–– Una cena elegante madame, estos platos, ¿Ha leído historrias de cuáles son mis platillos favorritos?

–– Usted es bastante conocido siempre y cuando le preguntes a las personas correctas, deseo hacerle un par de preguntas, y por eso deseaba que estuviera cómodo.

Sorbiendo el vino, llevó su mano de dedos regordetes hacia un plato con tiras de jamón ahumado, y se llevó un par a la boca. Sus modales eran acordes a su aspecto, aparentaba elegancia con lo aparentemente delicado de sus movimientos, pero para un observador más instruido, rompía tantas reglas de etiqueta, que nunca sería invitado a una cena elegante.

–– hmm, ¿Prreguntas? ¿Qué tipo de prreguntas, madame?

–– si es la persona a quién busco, usted debería saber cuáles preguntas deseó hacerle.

Soltando una risa fingida, se terminó su copa, la asentó en la mesa, y cruzando los dedos, sonrió, y me miró fijamente a los ojos.

–– sé exactamente que me va a prreguntarr madame, perrro ya sabe cómo funciona esto, tiene que hacerr las prreguntas.

Dando un sorbo a mi taza de té, no me molesté en preguntar si tenía algún límite en mis interrogantes, bien sabía cuántas preguntas podría hacerle, preguntas que él podría contestar o no. Que Goderik sea tan conocido en ciertos círculos, hace que muchas de sus mañas estén bien documentadas, sin embargo, aún pese a eso, todos advierten nunca intentar llamarlo.

–– hace poco más de un mes, hubo cierto incidente en la Santa Sede, el corazón del mundo religioso en Karris, ¿Usted estuvo involucrado, no es verdad? Tengo entendido que incluso lo planeó.

Intentos Infinitos "2"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora