Los Diamantes de Italia.

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Capítulo 6.

Carlo.

-Ganaremos millones con esa ruta, mis socios de la línea de hoteles están más que dispuestos a trabajar con usted prestando sus cuentas - dije mientras fumaba ese puro cubano que tanto me gustaba tanto como el lavado de dinero y el sexo.

-¿Cómo sé que rendirá frutos esa alianza?

Una sonrisa felina alumbró mi cara mientras el humo se dispersaba en esa sala ligeramente alumbrada del restaurante. Quise contestar, pero fue Alondra quien dijo con esa voz firme y seductora:

-¿Sabe con quién está tratando? Diamante negro nunca falla, señor Amart. Nunca. Le recomiendo que no vuelva a cuestionar las decisiones y las propuestas del señor. A menos que quiera que plante una bala entre esas cejas asquerosamente pobladas y sus malditos sesos decoren la pared.

-Que boca tan sucia tiene para ser una mujer. Y más aun cuando no tienen un trato asegurado.

Lucio y yo reímos.

-Créame que hace maravillas - respondí mirando la mano de Alondra, ya tenía el arma en ella, recargada sobre su muslo decorado con esos pantalones negros de cuero ceñido sobre su figura. El escote de esa blusa negra me encantaba al dejarme ver la curvatura de esos pechos dulces que me gustaba probar.

-El dinero entrará como inversión en los hoteles desde las cuentas de los socios, mejoras y salarios, podrá disponer de seis hoteles u ocho, como usted lo prefiera - continuo Alondra. Dejarla negociar me gustaba, me excitaba verla desenvolverse de esa manera.

-Quiero diez hoteles y el dos por ciento de cada hotel que ustedes manejen - contestó Amart mientras tomaba vino.

-No - dije.

-Se le darán seis hoteles y el uno porciento de dos de los nuestros - dijo Alondra.

Ambos se miraron, un silencio de plantó entre los seis cuerpos presentes y después sonrieron, Amart comenzó a aplaudir y dijo:

-Es un trato si me dejas pasar una noche con ella - su mirada hacia ese cuerpo trabajado me hirvió la sangre al saber que se dirigía a mí. Pero yo no tuve que defenderla - me gustan las inteligentes de boca viperina.

-Una noche conmigo vale más que este trato a largo plazo - arrastró los papeles hasta que quedaron en medio de la mesa - firme, señor Amart. Tengo hambre y quiero irme.

El hombre de tez canela bufó y firmó. Estrechamos nuestras manos y salimos de ahí. Victoriosos, invencibles y con treinta millones de euros más en la bolsa.

***

El ruido era éxtasis. Las luces apabullantes y las mujeres que bailaban frente a mí, frente a Lucio y Alondra, me ponían la polla tan dura que en unos momentos necesitaría cogerme a alguien para poder aliviar esa tensión entre mis piernas. Aventé no menos de diez fajos de billetes en menos de una hora. La música retumbaba en mi pecho y la de cabello negro con esa tanga blanca sin sostén era mi objetivo mientras se restregaba en ese tubo plateado.

Habíamos cerrado un trato importante y viajaríamos de regreso a Italia mañana por la tarde. Mis hombres estaban afuera y estos dos que me acompañaban se merecían un rato de diversión tanto como yo. Desde la partida de Antonnio, ellos dos eran a parte de mi seguridad y las dos personas más importantes en cuando a negocios se trataba.

Amart Tekin era nuestro objetivo desde que supimos que entraría al mercado con la cocaína, el aliarme con él era una oportunidad que no podría desaprovechar, no cuando le abriría paso al negocio para poder pasar mi mercancía por el Mar Adriático hasta Turquía. Éramos dueños de todo el norte de Italia, nuestra mansión estaba en Milán, pero quería más, cada día más, casi cincuenta años de negocio nos precedían a La Famiglia dei Diamanti.

Los Pagano [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora