Capítulo 17:
Antonnio.
—No ha dejado la habitación en dos semanas — Torre Marfil no la había conocido, no le gustaba que mucha gente la conociera, le tomó casi ocho meses poder entablar una conversación con Alondra y Lucio que no fuera de temas laborales —, más que para tomar clases en el estudio y después se encierra toda la tarde.
Ella decía que era porque no tenía nada que ofrecer, más que su inteligencia hacia con la tecnología y la seguridad cibernética. Pero Carlo, quién fumaba cerca de la ventana, y yo. Sabíamos que era por las dos enormes cicatrices que habían quedado en su piel después de haber sobrevivido a ese ataque del que nunca hablaba con nadie, Torre Marfil era como una piedra en cuando a sus sentimientos se trataba.
—Ya se le pasará — respondió Carlo, frívolo e inmerso en sus propios pensamientos mientras veía hacia afuera —, tiene que acostumbrarse a ese tipo de situaciones.
—Mataste a alguien frente a ella, Carlo, y ella no sabía que iba a pasar. Ni yo, ahora que recuerdo, no sabía nada de tus planes.
—Que yo recuerde fuiste el primero en disparar, fratello — me miró divertido y después se encogió de hombros —. Cambié de planes, iba a matarlo sin que ella estuviera presente, pero quise saber si, así como lo había hecho mierda con gráficas y números, podría hacerlo con una bala. Quise saber que tan dispuesta estaba para proteger su lugar y a tomárselo tan enserio como le preguntaste.
—Disparé porque le entregaste tu arma y le dijiste que lo hiciera sin haberla instruido, ¿qué otra puta opción tenía si su guardaespaldas iba a defenderlo? No iba a exponerla sabiendo que ella podía recibir una bala.
—Bueno, ¡pues no hay vuelta atrás, joder! Cómprale una ouija y que lo contacte para disculparse — hizo un ademán con la mano que sostenía el cigarro, como si estuviera restándole importancia al peligro al que la había expuesto, el humo se dispersaba mientras las teclas del ordenador de Torre Marfil se escuchaban —. Sabe negociar, pero no puedo permitir que no sepa cómo defenderse.
—¡No era el momento! — espeté — yo mismo pude ayudarte a que lo matara si me hubieras informado. ¡No puedes cambiar los planes sin decirme, carajo!
—Tiene. Que. Aprender — gruñó ignorando lo que dije — y entre más rápido lo haga mejor.
—Ciara no es como Alondra — dejé caer la bomba sabiendo que era peligroso tocar ese tema —. Ella jamás ha tocado un arma. Alondra creció disparando para sobrevivir. Ciara no. No puedes cambiarla de la noche a la mañana.
El Diamante Negro se levantó de golpe de su silla y se acercó a mí, apretando la mandíbula mientras sus fosas nasales se dilataban del coraje. Fumó, una inhalación larga, sacó el humo y volvió a hacerlo, dejándome ver la luz titilante de ese cigarro mientras se consumía.
—¡Alondra ya no está gracias a ese descuido! ¡Era la mejor entre todos mis hombres y ve lo que le pasó! — gritó con ese recuerdo doloroso que invadía su garganta —, no puedo perderla también a ella, Ciara no...
Algo más que preocupación brilló en los ojos aceitunados del asesino a sangre fría. Algo más que preocupación resonaba en cada palabra. Había algo más cuando pronunciaba su nombre y ciertamente no era el odio que decía tenerle. Las pocas interacciones que habían tenido siempre resultaban en peleas, en groserías y amenazas el uno hacia la otra. Carlo decía odiarla y Ciara se lo demostraba. Pero mi hermano, tenía esa mirada que sólo Alondra causaba...
Ambos quedamos espalda con espalda cuando se alejó para servirse un trago, dejando el olor a nicotina por toda la oficina de Torre Marfil sin decir nada más. Pero yo hablé sin girarme a verlo:
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Los Pagano [EDITANDO]
RomansaBusqué ayuda en él. Pero encontré algo más. Los encontré a ellos. O ellos a mí. Un golpe de suerte de algo que estaba prohibido, pero que me hacía querer más y más. Su pasado no me hizo alejarme aun sabiéndome en peligro. Su pasado me hizo encont...
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