Capítulo 27:
Ciara.
—No voy a bajar el porcentaje sobre lo que me corresponde —habló el turco que estaba del otro lado de la mesa de esa sala de juntas, los cité en el hotel cerca de la oficina —, si quieren mis cuentas el treinta es lo que pido.
—Entonces no me interesa hacer negocios con usted, se habló sobre el quince por ciento y dos hoteles a su disposición —respondí recargándome en el respaldo de la silla, di una calada a mi cigarro, Carlo estaba sentado a mi derecha, con ese whiskey en la mano, esperando a que esto terminara.
—Niña —su tono severo y amenazante, puso un dedo en la mesa, pero lo que iba a decir se vio interrumpido cuando Carlo sacó su arma y apuntó hacia ese hombre calvo.
—No le hables en ese tono —buscó mi mano, la que tenía ese anillo hermoso, plantó un beso en ella cuando sus dedos envolvieron los míos —. Dirígete a ella con respeto —su agarre fue firme cuando alzó un poco mi mano para mostrarle la pieza brillante a ese hombre —, tiene más poder que tú en este país.
Sonreí cuando me miró un tanto confundido y temeroso. No sabía que significaba todavía, pero esa mirada sumisa me hizo sentir poderosa.
—Puede irse —comenté todavía sintiendo esa piel tersa.
—No encontrarán un mejor inversionista.
—Pero tal vez encontremos a uno menos imbécil —hablé con firmeza, antes de soltarme, Carlo pasó su lengua por mi nudillo del dedo medio, haciendo que un escalofrío se sintiera en todo mi cuerpo, tuve que cruzar la pierna.
—Ya la oíste —vociferó sin dejar de apuntarlo, con esa voz ronca que me vibró en todos lados —, lárgate de aquí —hizo una seña con su pistola, el hombre se levantó y aventó la carpeta hacia el centro de la mesa, se fue de ahí vociferando algo en su idioma.
—Que traigan a Kadir, por favor —dije y Carlo me soltó, cuando me giré a verlo, su mirada ya estaba posada sobre mi — ¿Por qué me ves así?
—Me gusta cuando ordenas —sonrió felino —. Y cuando eres grosera.
Sonreí y negué, tomé mi vaso de té y el líquido gélido se paseó por todas mis papilas gustativas.
—Si sigues comprándome té, voy a tener que comprar una talla más grande de ropa por lo gorda que me pondré.
—Lo único que se pone gordo —se acomodó en la silla—, está entre mis piernas cuando te veo. Deja de expresarte así de tu cuerpo, princesa.
—¿Siempre eres así de vulgar?
—¿Por qué, te gusta?
—Tal vez —reí con el popote en la boca.
Encendió un cigarro mientras una pequeña risa sensual emanaba de su garganta, se levantó y estiró su cuello un poco, llevaba un traje gris ceñido a esa figura masculina. Yo me terminé el mío quedándome sentada.
—Hace unos días —dejó caer la ceniza en ese recipiente de porcelana fina —, cuando estábamos en la cocina, dijiste que algo te intimidaba, ¿qué es lo que te intimida, bella? —se recargó en el escritorio con una mano en el bolsillo del pantalón.
—Tú —dije sin pensar, pero sin mentir — ¿Por qué lo hiciste?
—¿Por qué hice qué?
—¿Por qué me tocaste?
Apretó la mandíbula y sus ojos se encendieron con ese brillo sensual, se colocó entre el escritorio y mi silla, puso el cigarro entre sus labios para dar una calada y estiró su mano para acariciar mi mejilla. No me moví, por un momento quise besarlo de nuevo.
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Los Pagano [EDITANDO]
RomanceBusqué ayuda en él. Pero encontré algo más. Los encontré a ellos. O ellos a mí. Un golpe de suerte de algo que estaba prohibido, pero que me hacía querer más y más. Su pasado no me hizo alejarme aun sabiéndome en peligro. Su pasado me hizo encont...
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