El Diamante de Sangre.

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Capítulo 10.

Carlo.

-Aterrizará en cualquier momento - dijo Torre Marfil desde su silla, mirando las coordenadas desde la laptop con ese rostro bello con gafas, Francesca y los mellizos se habían ido hace días, el radar de los localizadores que Gerardo había puesto en las pulseras de oro blanco que les regalé la navidad pasada, me dejaron ver cuatro puntos verdes moviéndose por las playas del nuevo destino.

Envié una docena de hombres para cuidarlos. Pidiendo que pasaran desapercibidos para la comodidad de mi sobrina. Un mes se quedarían ahí, contrataría maestros particulares para que no perdieran el curso de su escuela.

-Apuesto diez euros a que te golpeará las bolas por haberlo traído - bromeó Alondra mientras fumaba cerca de la ventana de la cocina. Con la típica ropa ónix que era parte de su uniforme.

-Veinte - contestó Lucio recargado en la alacena - lo apuntará con una pistola entre las cejas.

-Veinticinco - dijo Torre Marfil - va a tratar de convencerlo a través de la psicología para que desista.

Todos comenzamos a reír por las palabras de Torre Marfil, no podía creer que mi hermano había elegido continuar con esa profesión que desde pequeño quiso ejercer. Solía acostarme en el diván del segundo piso para preguntarme a diario cómo me sentía, llevando un control en sus notas sobre mis sentimientos. Pero todo lo dejó atrás a los veinte, cuando ambos nos convertimos en los herederos de los negocios Del Diamante de Italia.

-Dejen de hablar de mi hermano - fumé aun sonriendo por sus apuestas -, o plantaré una bala en sus cabezas antes de que puedan volver a saludarlo - al escuchar el helicóptero, Lucio salió a recibirlo.

Torre Marfil y Alondra siguieron riendo por lo bajo.

Las aspas alborotaban su cabello y las solapas de su saco negro, casi nueve años sin verlo. La última vez que nos abrazamos, había cerrado su último trato de casi quince millones de euros con el cual se retiraría, pero nadie sabía que ese para siempre duraría solo unos años antes de recibir esta amenaza.

Escuché las pisadas decididas en contraste con el ruido del helicóptero.

-¿Dónde está ese hijo de puta? - y las groserías hacia mi persona, terminó de abotonar su saco cuando lo vi entrar por la puerta de la cocina. Dejando atrás la pista de aterrizaje.

-Solías llamarme hermano, pero supongo que hijo de puta me agrada - caminé hasta él para tomar su cara con ambas manos, dejando el puro en mi boca - cuanto has crecido - dije con una mezcla de burla y melancolía.

-Deja de jugar - dio un manotazo en mi brazo para alejarme y caminó hasta la barra a mediación de la cocina donde todos esperábamos su llegada - ¿Qué demonios es todo esto, Carlo?

-Niño - saludó Torre Marfil sin despegar la mirada de la pantalla.

-Sei l'unico che sono contento di rivedere - besó su frente y prendió un cigarrillo que ella le dio.

-Eso no es muy empático de su parte, doctorcito - contestó Alondra - él ha mantenido el negocio de la familia en pie.

-Dime qué demonios ocurre - dijo en tono amenazante ignorando a Alondra, mirándome con el entrecejo fruncido, me hizo recordar muchas cosas, él solía ser mejor que yo negociando, y yo siempre fui mejor que él para matar cuando él me lo ordenaba - quiero que Francesco salga del país junto a Victoria. Los quiero lejos de toda esta mierda, Carlo.

-Torre Marfil los envió a China, justo en este momento están viajando hacia allá, pero recibimos otra foto de él en el aeropuerto, una escolta discreta los estará cuidando, el esposo de Victoria sorpresivamente recibió un ascenso y estarán lejos mientras todo esto se resuelve. Torre Marfil está vigilando el vuelo, no hay nada de qué preocuparse. Hubo una más de los mellizos, cambié el destino para llevarlos a Australia.

Los Pagano [EDITANDO]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora