Capítulo 8

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21 de enero

—¡Ya voy! —Los pasos apresurados de Mich resuenan al otro lado con prisa, la casa ha de estar a rebozar. Espero paciente frente a la entrada, tocando mi brazo justo en el piquete donde estuvo la aguja—. ¡Niña, Dany! —Exclama Michel, la chica de servicio de mis papás.

Aunque a Michel le gusta llamarse a sí misma "Joven ama de llaves".

Me da un corto abrazo y me permite pasar.  Michel suele llamarme Dany, en lugar de Andy, porque a ella le gusta más así y nunca nadie se ha atrevido a cuestionarla, ni siquiera yo.

Ella tiene 26 años, es cuatro años mayor que yo.

Su cabello es largo y oscuro, pero siempre lo lleva atado en la cima de su cabeza y sus ojos negros, sin duda, son los más alegres que he visto en mi vida.

Ella ya es parte de la familia. Nunca he conocido a alguien que disfrute tanto su trabajo como ella.

—¿Mamá está en casa? —Pregunto, abriéndome paso al interior.

—Su mamá y la mitad de la familia.

Finjo un estremecimiento y ambas reímos.

La cocina huele a chocolate y a galletas recién horneadas y mi rostro se llena con una sonrisa.

Reunirse en casa, por lo menos una vez al mes, es una tradición familiar, somos la familia más unida que puede existir.

Además, se acerca el cumpleaños de mi hermana menor, en realidad aún faltan meses para eso, pero para mamá es como si faltaran tres días y toda la familia debe integrarse y comenzar a escoger sus vestuarios.

Incluso dice que acepta ideas para decorar y temáticas.

Mi hermana cumple dieciséis años y mamá quiere celebrarlo como si cumpliera quince o su primer año, por eso ha convocado a toda la familia meses antes.

Que toda la familia esté en casa, explica el suave aroma del chocolate caliente. Es como una manera de bienvenida.

Hogar.

Aunque me mudé haces dos años y vengo con regularidad... Bueno, no con tanta regularidad en los últimos cuatro meses, se sigue sintiendo cálido cada vez que cruzo la puerta.

Porque incluso teniendo mi propia casa, se siente bien tener un lugar cálido al cual volver.

Cuando terminé la secundaria, no quise comenzar a estudiar inmediatamente, me tomé un año sabático, me limité a dormir hasta tarde, leer, escuchar música y tuve algunos trabajos de medio tiempo.

Fue interesante, nada fuera de lo común y sobre todo seguro, dentro de mi zona de confort.

Cumplidos los diecinueve años le di la noticia a mis padres.

Les pedí su opinión al respecto, sobre lo de querer mi propio espacio y todo lo que conllevaba.

Por un minuto creí que no iban a tomarlo de buena manera, pero al final de la conversación, que fue durante la cena, las palabras de papá fueron alentadoras.

—Este siempre será tu hogar, pase lo que pase. Y que quieras tu espacio, lo entendemos completamente, linda.

Pero no me independicé del todo. Garlo me regaló unos de los departamentos de su edificio y mamá y papá pagan mi universidad.

Y si me decidía a volver, no me iba a faltar un lugar donde dormir.

La casa de mis padres es grande, ellos trabajaron duro para poder obtenerla, porque somos del tipo de persona que piensa que, si tienes una familia grande, tu casa también debe serlo, así todos podrán quedarse a dormir cuando es navidad.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora