—Oh, cariño. —Mamá corre hacia mí y me envuelve en sus brazos. Llora en mi cabello.
—Estoy bien, mamá, de verdad —le doy el intento de una sonrisa. Papá también se acerca y me abraza, dejando besos en mi cabeza.
—Nos diste un gran susto —mamá lleva los ojos hinchados y la nariz enrojecida.
—Perdón —me disculpo—. El doctor dijo que es anemia. También plaquetas y eso. Que es algo común con el tratamiento —intento tranquilizarlos. Busco el lugar donde estuvo el catéter antes y acaricio con mis dedos la marca.
—El doctor dijo que hablaría con nosotros. —La voz de papá es baja y un poco temblorosa—. También dijo que puedes irte a casa —el alivio en mi rostro debe ser notable, ya que mamá me da una pequeña sonrisa.
—No quería asustarlos. —Bajo la cabeza—. Lo siento.
—Ay, hija, ese no fue el peor de los sustos —dice papá con cierto humor—. Casi nos da un infarto a todos cuando estábamos en la sala de espera.
—¿Qué? ¿Por qué? —Frunzo el ceño.
—Una incompetente enfermera se confundió con los apellidos —resopla mamá.
—Cariño, eran iguales.
—No me importa. Debió llamar por el nombre.
—¿De qué hablan? —Cuestiono.
—Nos dijeron que estabas embarazada —explica papá y siento que algo dentro de mí se rompe. ¿Embarazada? ¿Cómo? ¿Por qué? Bajo la cabeza, sintiéndome desdichada.
¿Bebés? No podría.
—Eso es... —Los miro—. No podré tener bebés, ¿lo sabes, mamá? —La miro y ella me acaricia el rostro. Eso era algo que circulaba en la vida estable que había ideado en mi cabeza.
Un buen esposo, tres hijos, quizá cuatro. Niñas y niños. Verlos crecer y tener nietos. Pero eso no pasará.
—Lo sé, cariño. Lo sé. —Me pasa el pulgar por la mejilla y limpia una lágrima.
—En fin —sorbo, no quiero llorar—. Debió ser horrible —me burlo.
—Y eso no fue lo peor. También nos dijeron que el niño había muerto —cuenta mamá, de notable mal humor. Deduzco que eso será algo que rondará su cabeza por un tiempo.
—¿Muerto? Eso es... Triste. La madre debe estar destrozada.
—Tuvo un ataque de histeria y tuvieron que sedarla. Eso fue lo que dijo la enfermera cuando pensábamos que se trataba de ti.
—Y la muy estúpida no dijo nada, sino hasta el final —ahora las mejillas de mamá hacen juego con su nariz roja.
—Y Ashton, linda —menciona papá. Algo dentro de mí tiembla y mi mente proyecta su rostro. Ashton, perdón por asustarte a ti también—. Cariño, debiste ver su rostro.
—Ay, no —dejo caer mi cara en mis manos —. También pensó que estaba embarazada.
Él ríe y yo quiero morirme.
—Todos pensamos que el padre del niño era él —dice papá y siento el rubor subir a mi cara.
—Papá, Ashton y yo... Él y yo no... No... —Dios mío. En mis sueños quizá, pero mi padre no tiene que saberlo.
—Fue bastante impactante recibir esa noticia —mamá recoge un mechón de mi pelo y lo deja detrás de mi oreja.
—Yo estaba localizando en mi mente el lugar exacto donde había dejado a Catalina. —Dice papá. Jesús, Catalina es su escopeta.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
