11 de noviembre (actualidad)
Punto de vista de Andy
A veces me gustaría poder decir que estoy bien. Aunque, dentro de lo que cabe, sí lo estoy. Pero me gustaría poder decirlo del modo en el que lo está una persona sana. Quiero estar bien.
Hablo de mi mente, mis emociones y mis ganas de querer seguir, pero todo flaquea en el segundo menos esperado y siento que mi progreso se cae. Que yo me caigo.
Casi había olvidado cómo se sentía.
Los ataques de pánico, cuando no estaba demasiado drogada por la medicina por la mañana, tarde o noche, solían ser frecuentes, Callahan llegó a decir que era normal y que quizá debía acostumbrarme. Que la depresión es parte del cáncer.
El miedo y la desesperación también. Y, en casos como este, es como si mis pulmones decidieran que ya no quieren asistir a mi cuerpo. Los músculos me pesan y aunque quiero calmarme, ni con todas mis fuerzas logro conseguirlo. Cuando el ataque de pánico pasa, es como si un camión me hubiera pasado por encima.
Me sostengo del lavamanos y me dejo caer lentamente, intentando mantener el aire dentro de mis pulmones, para luego dejarlo salir.
Estoy sola en casa, Ashton fue por películas y yo decidí tomar un baño. No hay nadie para ayudarme más que yo misma.
Hiperventilo un par de veces y me encojo en mi lugar. Los ataques de pánico son todos iguales, nunca te acostumbras. Menos cuando sientes que vas a morir en medio de uno.
Me aferro al suelo con fuerza, hasta sentir mis uñas romperse.
Estás bien...
Y esas simples palabras se convierten en un mantra, hasta que el ataque de pánico cesa y siento que dejo de romperme.
. . .
12 de noviembre
Cuando el sol sale al día siguiente, sonrío al divisar a Ashton a mi lado, desnudo, despeinado y dormido. Pocos recuerdos tengo de la noche anterior y la verdad es que no me sienta para nada mal.
No recuerdo exactamente cuando volví a respirar por mi cuenta o como llegué a la cama, sólo sé que hay vagos recuerdos de mi chico tomándome en sus brazos y no necesito recordar nada más. Sé que estuve a salvo.
Adormilada beso su frente y me encamino al baño, son casi las diez de la mañana y debo tomar mis pastillas. Mañana es mi anhelado concierto de One Republic y sé que la razón por la que desperté antes que Ashton, es porque la euforia está carcomiéndome.
Saldremos hoy a la ciudad vecina para verlos. Se supone que saldremos antes del mediodía, haremos una parada en casa de mis padres y luego partiremos a la siguiente ciudad que es donde se llevará a cabo el concierto.
Busco una vieja camiseta de Ash, le doy un último vistazo a mi chico aún dormido y salgo de la habitación, pensativa. ¿Dónde dormiremos? ¿A qué hora terminará? ¿Cantarán todas mis canciones favoritas? Dios mío. Estoy tan emocionada.
El desayuno desde que me diagnosticaron, restando algunas semanas, porque aún con saberlo la primera vez seguí tomando café y comiendo cosas que no debía, se volvió mucho más reducido en cuando a menú. Y sano. Muy sano.
Todo comenzó a ser frutas, verduras, poca sal, poca azúcar, cero grasas, no café. Me gustaría poder decir que se volvió costumbre, pero sigo odiando comer cosas sin sabor y sanas.
Para el desayuno opto por frutas. Ashton compró muchas y dejó gran parte de ellas picadas para mí en la nevera. Es un lindo y cuida de mí todo el tiempo. Mastico despacio y me quedo observando un punto fijo en la pared, divago mientras como y en menos de un segundo ya no me encuentro en el tranquilo departamento de mi novio, sino en una iluminada y solitaria habitación de hospital.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
