Capítulo 22

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Pasamos dos horas recogiendo el desastre y también intentando reparar los jarrones rotos. Al final, sí necesitamos de los tres envases de pegamento que encontramos en el salón, porque los jarrones habían quedado hechos trizas.

Ah, y yo, sin querer, dejé caer también un florero.

Fue un alivio que la señorita García, la encargada de manualidades, no estuviera presente.

Para cuando salimos del campus, el sol está en su último suspiro, acompañado de un desfile de nubes de carbón. Huele a lluvia.

Rayos.

—¿Sabes? Travis ha crecido mucho —dice Ashton, mientras atravesamos el estacionamiento.

Lo miro de soslayo y me obligo a no reparar en él más tiempo del necesario. Lleva las manos en los bolsillos totalmente despreocupado, como si hace apenas dos horas atrás no hubiera estado a punto de arrancarse el cabello.

—Es adorable —sonrío, recordando cuando encontramos a Ashton en el pasillo y Travis corrió directo a mis brazos.

Aunque aún me pregunto por qué el pequeño cachorro se acuesta delante de mí cada que me ve.

—No lo suficiente, no has ido a visitarlo ni la primera vez, mala madre. —Me acusa con una mueca que finge ser enojada. Le saco la lengua y reímos. Y en medio de las risas, la primera gota de lluvia aterriza en mi nariz.

La limpio con mi dedo y luego siento la siguiente en mi mejilla, una en el lente y posteriormente en mis hombros. Segundos después ya estamos siendo empapados.

—Rayos. Busquemos un lugar para no...

—No. —Digo. La lluvia se intensifica con cada segundo que pasa y casi puedo sentir la tela de mi vestido pegada a mi pecho. Pero esta vez, sé que no voy a dar un espectáculo de mi cuerpo—. Está bien, no me molesta la lluvia. —Y es cierto. Hace un rato que no me permito disfrutarla.

Ashton me mira cómo si se me hubiera caído un tornillo, pero no discute, en su lugar se limita a encogerse de hombros y camina a mi lado, mientras la lluvia nos cubre.

Lo cual me lleva a pensar.

—¿Por qué cada que nos vemos hay lluvia? —Pregunto y abro mi mano para que las gotas caigan dentro de ella.

No llevo nada conmigo, cuadernos, bolso o celular, así que no me preocupa. Todo lo dejé en el casillero al final y hoy salí sin celular de casa.

Doblamos una esquina y nos desviamos totalmente de la parada de buses. No encontraremos nada con esta lluvia y menos a esta hora. Además, no creo que ningún conductor nos vaya a dejar subir mojados a su auto.

Se puede llegar a casa caminando.

—Eso es porque el cielo llora con nuestra química —se acerca con actitud galante y me guiña un ojo.

Bufo a modo de broma.

—Eso es terrible —me burlo y rápidamente recibo una mirada de "no te pases, arruinaste el momento". Me río más fuerte y empiezo a caminar, dejando a Ash detrás.

—Eres pésima para esto —me molesta, llegando nuevamente a mi lado.

Ashton ya tiene el cabello totalmente empapado y brillante, pegado a la frente. Luce adorable y eso me lleva a recordar la vez que llegó a mi departamento en las mismas condiciones, mojado y con Travis en sus brazos.

—Muy bien, señor mucha química, debemos apurarnos para llegar a casa. Travis quizá tenga hambre. —Frunzo el ceño al notar que mis lentes están totalmente bloqueados por el agua y que ya no veo por donde voy. Me los quito y los dejo en el cuello de mi vestido.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora