Punto de vista de Andy.
—Estábamos viendo una serie juntas. —Estoy al teléfono con Paola desde hace una hora y delante de mí, la maleta casi, casi... hecha, con todas las cosas que llevaré a casa.
Esto es difícil.
Me costó mi independencia.
Me gusta.
Es difícil volver con mis padres, más en las circunstancias en las que lo estoy haciendo, debo repetir.
—Eso es realmente bueno —digo feliz.
—Extrañaba esto —la imagino sonriendo—. ¿Cómo van las cosas ahí? —Escucho un tintinear y luego un golpe sordo. Debe de haberse sentado con una taza de café a esperar a que responda.
—Aún no empaco —soy sincera.
—Si quieres, puedo ir a ayudar...
—De ninguna manera, ¿quieres que Ángela me mate? Estoy bien, sólo algo cansada y probablemente me resfríe, pero aún puedo...
—¿Resfriarte? ¡De ninguna manera!
—Comenzó a llover cuando salimos de la universidad y...
—¿Salimos? —Me interrumpe.
—Sí, Ashton y...
—Alto, alto, alto, —vuelve a interrumpirme y ruedo los ojos—. ¿Ashton? ¿Estabas con Ash?
—Sí, pero te digo que él tenía un pro... —Y una vez más me interrumpe, pero con un pequeño gritito de emoción.
—Van a terminar casados —chilla al otro lado de la línea y bufo.
—Sí, claro. Me propondrá matrimonio y luego le diré que tengo cáncer. Es maravilloso.
—No seas tan dura. Todo estará bien.
—No lo sé, Paola. No lo sé.
—Yo confío en Dios. Sus cosas son perfectas —muy dentro de mí dudo de lo que dice, pero igual le tomo la palabra—. Se acabó el descanso. Debo volver, ya mami puso la segunda temporada de "La Casa De Papel".
—Ya la perdiste —bromeo y las dos reímos.
—Te quiero —dice.
—Yo también te quiero —respondo, nos despedimos y acaba la llamada.
Me encojo en el rincón que escogí para hacer la llamada y me llevo las menos a los ojos. Puedo con esto, puedes con esto...
Tengo sesión de quimio el miércoles y seguro que mamá y papá van a querer ir conmigo y eso no lo había pensado hasta ahora. Yo... realmente no quiero que vean eso.
Miro una vez más la maleta. Puedo con esto...
Me levanto, sintiendo mi cuerpo entumecido y voy hasta al armario para comenzar a sacar mi ropa. Tengo vestidos, pantalones, faldas, Baby dolls que nunca en la vida he usado (regalo, cortesía de mis tías) y muchas, pero muchas, camisetas.
Tomo sólo lo esencial, porque no será permanente la estadía en casa de mis padres. Sólo será para calmarlos.
Además, así tendré pretextos para regresar a mi casa y buscar "algo".
Pongo la ropa perfectamente doblada en la maleta, pero cuando es el momento de mis cosas personales solo las dejo tiradas al azar. Desarmo mi estéreo, desconecto el pendrive de mi computador y lo guardo junto a mi laptop. Volveré a escribir en ella, leí que es alentador hacer algo que te gusta cuando te sientes mal.
Mi situación actual podría darme algo bueno.
Aunque, escribir cómo el cáncer acaba conmigo y se lleva mi cabello, mi color, calor y vida, quizá no sea la mejor historia para contar.
Sigo buscando qué llevar y prontamente mi habitación es un desastre, nunca he sido buena con las mudanzas. Empacar nunca ha sido lo mío.
Mi celular vibra y sólo miro la pantalla un segundo. Es mamá. No quiero hablar con ella, está muy sensible y que me trate de la forma tan delicada en la que lo hace, sólo logra hacerme sentir peor de lo que ya me siento. Lo dejo vibrar y sigo con lo mío, no contestaré.
Suena un par de veces más, pero lo ignoro y continúo preparándome.
Sé qué quiere ayudar y se preocupa, pero recibí demasiadas llamadas suyas cuando estaba en la universidad, le dejé un mensaje cuando llegué, diciendo que estaba bien y que había salido sin teléfono.
Está llamando desde entonces.
Las llamadas no duran mucho, ella quiere saber cómo estoy y si no estoy en algún cubículo cortándome las venas. Ella sabe que no soy así, pero su instinto de madre está alterándola. No quiero ni imaginar cómo será cuando esté de regreso.
También espero que no se lo haya contado ya a toda la familia o ella no será mi único problema.
Para cuando termino con mi maleta y de ordenar mi habitación, son casi las diez de la noche y me siento ahogada, física y mentalmente.
Pero no he terminado, aún me falta poner patas arriba mi cocina. Miro en redondo mi habitación y a pesar de que no es mucho lo que me llevo conmigo, se siente vacío.
Ignoro el nudo que se forma en mi garganta y salgo de ahí. Debo buscar mi taza favorita, la que me regaló la bisabuela, porque tiene mucho valor para mí y no puedo irme sin ella. Ella me inculcó la adicción al café.
Mi cocina está totalmente ordenada, de todo mi departamento, ese es mi lugar favorito. Recojo los platos de la cena que no toqué y los llevo a la nevera, limpio la isleta y enciendo mi máquina de café.
Hay silencio, me siento extraña y no sé si eso sea bueno.
Leo la diminuta pantalla de la máquina que dice "Calentando agua" y golpeo mis dedos sobre la isleta, estoy ansiosa y no sé por qué.
Tomaré un poco de café, eso me ayudará a relajarme, además, una vez al año no hace daño. No puedo enfermarme más de lo que ya estoy.
Me tiemblan las manos cuando coloco la taza debajo del dispensador, porque estoy haciendo todo con la cabeza en marte y casi me quemo con el agua.
Debes calmarte. No tengas miedo, Andy...
Odio los cambios, las sorpresas, los giros inesperados, que las cosas se salgan de mi control.
Un nudo en mi garganta amenaza con ahogarme y sintiéndome inestable, camino al sillón para descansar un poco, cuando tropiezo con una de las cajas donde llevaría algunas de mis cosas.
No caigo al suelo, pero mi taza sí, en medio del pasillo, haciéndose añicos al instante.
—¡No! —Me llevo una mano a los labios y me acuclillo para recogerla.
Pero no hay nada que hacer, está destruida.
Empiezo a recoger los trozos con las manos temblorosas, cuando siento la primera lágrima acariciarme la mejilla. Me echo a llorar, con la espalda pegada a la pared y abrazada a mis rodillas.
Quizá pueda fingir que estoy bien frente almundo, pero ¿qué pasará cuando esté sola y el dolor me consuma como ahora?
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
