Capítulo 45

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Enciendo mi máquina de café, para preparar chocolate a Ashton y busco algunas galletas en la despensa. Estoy colocando todo en un bol y preparando las palomitas en el microondas, para la noche de películas, cuando unos golpes en mi puerta llaman mi atención.

—¡Adrien! —Exclamo alegre al verlo y él me sonríe, pero hay un deje triste en su rostro—. ¿Qué va mal, Adrien?

Acuno su rostro con mi mano. Poco he hablado con mi amigo los últimos días, ha estado ocupado ayudando con el negocio de su madre y buscando universidades.

—¿Podemos hablar?

Observo sus lindos ojos rasgados y percibo la tristeza dentro de ellos. Me acerco con cautela y dejo un beso en su mejilla. Él automáticamente rodea mi cintura y me atrae a su cuerpo, necesita consuelo, pese a que estuvo lejos bastante tiempo, no ha cambiado mucho. Y por eso debo decírselo. Adrien debe saberlo.

—Yo tengo algo que no te he dicho, Adrien.

Y no lo pienso más y lo invito a pasar. Ashton no llegará todavía.

. . .

Punto de vista de Ashton.

—Y después fuimos a ver una serpiente, porque según ella se parecía a la de Harry Potter, ¿qué sabe esa niña de Harry Potter?

Hablo con mi hermano por teléfono, con voz veloz y casi distraída. Se me dificulta seguir correctamente sus líneas, es demasiado disperso y a veces tengo que pedirle que vaya más despacio. Escucho sus dedos chocar contra los botones del control de videojuegos y no sé cómo no se rompen con esa rapidez y fuerza. Matt es un Gamer obsesionado.

Y comienzo a sospechar que también es otaku.

Se supone que iríamos a comer algo, pero los esfuerzos para sacarlo de su habitación siempre son sobrehumanos, así que ya voy de camino a casa, porque no fuimos a ninguna parte. Es una suerte que haya respondido a mi llamada.

—Y... ¿Tú cómo estás? —Pregunta de la nada, los golpes en los botones se desvanecen, avisándome que ha ganado lo que sea que estuviera jugando, pero luego se escucha una intro nueva y los botones siendo golpeados otra vez. Dios.

—Estoy bien —miro al cielo, la luna está curvada y hay dos estrellas encima de ella. Es como una sonrisa maliciosa.

—Mamá te extraña.

—Lo sé. —Suspiro. Omito la parte en la que fui a buscarla a un bar en el que estaba, totalmente ebria, dormida sobre la barra. No dije nada a nadie. Al día siguiente la alimenté y la envié a casa y aunque insistió en querer conversar y convencerme de hablar con papá, decliné. Mamá se marchó triste.

—No estás enojado porque nuestros padres sabían que Katiena te ponía los cuernos con su sobrino favorito y nunca te lo dijeron —una nueva melodía suena al otro lado de la línea y el golpeteo contra los botones continúa—. ¿Hay algo más, cierto? Por eso te fuiste.

Me acaricio el puente de la nariz.

—No, Matty, no es...

—Sé que se van a divorciar, Ashton —inexpresivo, justo cómo suele ser siempre él, continúa—. Papá dejó los papeles en la cocina hace meses, en un descuido. Ahí lo supe. Ash, no soy un niño, puedo lidiar con cosas, ¿sabes?

—Lloraste la muerte Erwin.

—Y la sigo llorando —recalca—. Pero ese no es el punto. E insisto que hay más.

Me faltan dos cuadras más para llegar a casa, el bus me dejó lo suficientemente alejado del edificio como para tener que caminar una distancia considerable, así que creo que llegaré pasada la hora a la que le dije a Andy que estaría en su casa.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora