Capítulo 66

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31 de mayo

Observo mi reflejo en el espejo y, complacida, mi doble sonríe abiertamente. La piel de mis mejillas está sonrojada y luzco feliz después de mucho tiempo. Los recuerdos de sus manos recorriendo mi piel y sus besos húmedos en mi cuello, me hacen enrojecer, pero atesoro hasta el carmesí de mis mejillas en mi mente.

Me atrevo a decir que no había sentido tanta tranquilidad en toda mi vida, como ahora.

Desperté hace unas horas, pero no me levanté de inmediato para no despertar a Ashton, porque se veía tranquilo durmiendo y yo quise tomarme un segundo para observarlo dormir, pero luego mi alarma sonó, seguido de una llamada de mi hermano. Los habían dejado salir de prisión finalmente. Son las nueve y treinta de la noche, por lo que el servicio comunitario había acabado.

Cepillo mis dientes y peino con mis dedos mi cabello, aunque sólo logro que las hebras queden enredadas en mis manos. Lamo mis labios y vuelvo mis ojos tristes hacía el espejo.

Todo está bien, estás bien... Mentirosa, susurra mi subconsciente con malicia.

Sonrío una última vez y ajusto las mangas de la camiseta de Ashton a mis hombros, me queda un poco grande, pero me va perfecta, porque tiene su aroma impregnado y este me resulta embriagante.

Todo está bien, estás bien.

Y con esas últimas palabras de aliento salgo al encuentro con mi chico, quien espera, apacible y adormilado, sobre mi cama. Mi despertador debió haberlo alertado también.

Siento mi piel erizarse y mi estómago da un vuelco cuando sus hermosos ojos azules se posan sobre mí, sólo estoy usando su camiseta, así que eso le da una cómoda vista de mis piernas. No estoy dejando mucho a la imaginación.

Soy plenamente consciente de ello. Sus ojos me escrutan, es como si acariciara mi piel con sólo mirarme. Ashton sonríe y el hoyuelo en su mejilla brilla. Me encanta, me encanta todo él... Y es mío.

—Hola —dice, me apoyo en el umbral de la puerta de mi baño y le devuelvo el saludo con la mano. Él luce feliz y eso es suficiente para hacerme feliz a mí.

Sin duda alguna. Mi cama sostiene su cuerpo, la pobre hasta ha de sentir el mismo dolor que yo siento. Pero no me molesta. El placer de un beso es bien aceptado por la carne, aunque este duela.

Y no es que me esté quejando, fue maravilloso, mejor que saltar con un paracaídas o ir a la luna. Aunque, ciertamente, sí toqué el cielo con mis dedos gracias a él.

Intento no apartar la mirada de sus ojos, pero es imposible, casi todo su cuerpo está expuesto ante mí. Mi sábana sólo cubre la entrepierna.

Inmóvil posa, cuál modelo, listo para fotografiar y, posteriormente, besar.

—¿Estás bien? —Pregunta, un leve destello de preocupación cruza su mirada y quiero reír. Perfectamente.

—Lo estoy —es todo lo que digo, fingiendo una calma que no poseo, porque me siento como dinamita y quiero explotar en sus brazos nuevamente. Pero ¿debería pedirlo? ¿Él querrá hacerlo una vez más?

—Ven —palmea sus piernas, invitándome a mirarlo de cerca.

Quiero mirar... Tocar. Me aproximo sin dudarlo y él, cuidadosamente, me ayuda a subir a su regazo. Y soy consciente de que lo único que lo aleja de mi centro, es una delgada sábana blanca.

—Eres preciosa —acomoda un mechón de mi cabello y juguetea con él sin dejar de mirarme—. Perfecta.

Acorta la distancia que nos separa y toma mis labios. Besarlo me enloquece, es como sucumbir al pecado. Se nubla mi juicio. Caigo lentamente y no puedo detenerlo. Podría vivir de él si pudiera, si tan sólo los labios de Ashton fueran la cura para el cáncer.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora