17 de junio
Avanzo por el pasillo con paso cansino, el lugar está vacío y helado, pero no se siente nuevo para mí. No llevo prisas y mi cuerpo se siente perezoso. Me encuentro tranquila, como si flotara sobre una nube... o quizá solo estoy demasiado drogada por la medicina, que no puedo diferenciar la paz de estar moribunda.
Veo al doctor Callahan al otro extremo del pasillo esperando por mí y acelero el paso. Mascullo un "lo siento" con la cabeza baja y entro a la sala.
La habitación es cálida en color azul y los ventanales enormes muestran un paisaje verde y sobre todo VIVO frente a tus ojos, supongo que es la forma sutil, para nada sutil, del hospital de dar aliento. Pero me he tenido que acostumbrar a él sin los paisajes pintados, así que ver este ya no me produce absolutamente nada.
Hoy finalmente termina mi período de acondicionamiento para hacer espacio en mi medula ósea y mañana podrán comenzar con el proceso. ¿Cómo me hace sentir eso? Realmente no lo sé.
Y antes de decir "wow, sí te harás el trasplante", aunque resulte difícil mi situación, no puedo simplemente echarme a morir. Además, tuve una pequeña charla con Mary. Allí todo quedó dicho, así que aquí estoy.
Y aunque tengo el aspecto de un cadáver luego de la preparación, bueno, ni tanto, el doctor Callahan dice que los resultados están siendo buenos, honestamente, no sé cuál es su definición de bueno, pero estoy tan bien como se puede estar.
Una enfermera se acerca sonriente, me pide extender mi brazo y procede a colocar el catéter. Es el mismo proceso cada día. Pero mañana el lugar será diferente. Y estoy intentando prepararme mentalmente para ello.
. . .
Estoy internada en el hospital desde el 4 de junio. Este se ha convertido en mi hogar desde entonces, recibo visitas cada día y aunque trato de ser positiva y estar bien, mi humor no siempre es el mismo.
No siempre estoy bien y me temo que más de una visita, de alguna manera, ha terminado en discusión. No puedo evitar mi cambio climático. Un momento estoy sonriendo y al otro estoy triste.
Dos de mis últimas discusiones han sido con Ashton y me sigo sintiendo mal por ello. También he llegado a discutir con Mamá, por sus ganas de querer cuidarme como si no tuviera brazos. Pero he intentado calmar mi océano. No puedo seguir de esta manera.
Pero no todo ha sido malo. Tengo mucho tiempo para leer libros y, sobre todo, tiempo de calidad con Christopher. Mi pequeño ángel abandonado.
Ya casi termina mi sesión y luego de una pequeña visita al baño de mi habitación, podré ir a verlo. De mi día, es lo que más espero con ansias. Anoche fuimos a ver las estrellas y hoy haremos lo mismo.
—Esto es todo por hoy —masculla la enfermera con una pequeña sonrisa, tras retirar mi catéter.
—Eres muy amable, Nancy —sonrío con cariño. Ella es la enfermera que suele cuidar de Chris. La aprecio por ello. Todos lo que sean buenos con él, son buenos para mí. Quizá por eso no dejo de sentir recelo hacia Callahan.
Nancy me ayuda a colocarme sobre mis pies y tras tambalearme un segundo, hago mi camino directo a mi habitación. En el camino no observo mi alrededor, esquivo personas y no obsequio saludos. Voy sumida en mis pensamientos y no estoy segura de si estos son buenos o malos.
Ya no sé clasificar algo por "bueno o malo" las cosas sólo son y ya. Lo mismo con mis pensamientos. No sé qué pasará conmigo, no es bueno, pero malo tampoco.
Me duele la cabeza, no es bueno o malo, simplemente es normal. Quizá me he sensibilizado demasiado a la miseria.
Una vez en mi habitación, aunque no tengo permitido colocar el pestillo o simplemente encerrarme, me tomo el atrevimiento de aislarme un momento. Me deshago de mi bata y la dejo sobre el sillón. Mi cuerpo pálido y desnudo contrasta con las paredes.
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Antes del Cielo
NonfiksiAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
