Capítulo 28

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28 de febrero

Se siente algo extraño despertar en mi antigua habitación y sin tener que escuchar camiones tocando sus bocinas o el sonido chirriante de algunos motores averiados. Supongo que me acostumbré rápido al sonido de la ciudad al despertar. ¿Se siente raro estar de vuelta en casa? Sí, pero todo sea por la salud mental de mamá.

Los ojos se me cierran solos, no tuve una muy buena noche, porque no pude conciliar el sueño por más que lo intenté y me siento agotada. Y no es algo que requiera de medicina, eso puedo asegurarlo, es simple paranoia.

No puedo dejar de darle vueltas a algo y no es precisamente mi siguiente visita al doctor, que es mañana, por cierto, a la cual tendré que ir con mamá y papá. Eso no es lo que me tiene nerviosa, sino Ashton.

Y mi estúpida lista.

¿La habrá encontrado? ¿O ya se olvidó de ello? ¿Llamará? Ah, cierto, no tiene mi número. No, espera, sí, lo tiene.

¿Entonces por qué no ha llamado entonces?

Han pasado tres días desde que regresé y aunque parezca extraño las cosas han ido sorprendentemente bien hasta ahora. Mamá ya no llora y papá no está tenso. Estoy segura de que dichos cambios se deben a la intervención de la abuela.

Ella ya sabe lo de mi reciente situación, lo tomó con su habitual e inmutable calma y madurez.

La abuela siempre sabe cómo tomar las riendas ante cualquier situación. Y cuando papá y mamá se lo dijeron, ella sólo me observó con calma y una sonrisa, entre la tristeza y la tranquilidad, se asomó a su rostro. Mayu no ha hecho ningún tipo de pregunta, ni permanece a mi lado todo el tiempo, sé que entiende cómo me siento.

No sabría interpretar qué pasa por su cabeza, pero estoy agradecida con ella.

—Ella estará bien. Nuestra Andy es fuerte —dijo, acariciando mi rostro—. Pero algo como eso no debe ocultarse, hija —me advirtió. Y ahora mismo me estoy preguntando si ya toda mi familia lo sabe.

Lo saben. Yo sé que sí.

Y es que preferiría que no fuera así. Todos querrán intentar ayudar, todos son de gran corazón, pero es lo último que necesito. Quiero normalidad, que me traten como si nada.

Pero ahora sólo queda esperar... Esperar

Un suspiro escapa de mí y me cubro la cara con la almohada. Debo enfrentar a mi familia y pensar en Ashton al mismo tiempo.

—¡Demonios! ¿Tengo que preocuparme porque Ashton no se ha reportado y las actitudes de mi familia también?

Gruño enojada conmigo misma, por lo ansiosa que me encuentro y me obligo a salir de la cama. Si no bajo a comer en los próximos veinte minutos, tendré a mamá en mi puerta.

Me pongo mis pantuflas de conejo, las que no había utilizado desde que dejé de vivir aquí y salgo de mi habitación amarrando mi cabello.

El pasillo está vacío y lo agradezco internamente. Mi hermana seguramente ya debe haber salido con las primas de su edad y Will seguro está en la cocina devorando todo lo que encuentra.

Mi habitación está situada frente a la de mi hermano y la de Melanie está contigua a la mía, la puerta de ella es rosada y tiene fotos de Robert Pattinson y algunas bandas juveniles. En cuanto a la puerta de mi hermano mayor y ejemplo a seguir, está adornada con imágenes de cómics y alguna que otra chica de anime, él nunca superará esa etapa. Me pregunto si lo hará cuando termine sus estudios y se convierta en el gran abogado que quiere ser.

Nah, no lo hará.

A pesar de ser el mayor, Melanie y yo siempre debemos llevar el control de las situaciones casi siempre. Como la vez en la que estrelló el auto contra el buzón de los vecinos de al lado. Ruedo los ojos al recordar y me dirijo a las escaleras.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora