Capítulo 37

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8 de abril

—¿Y se supone que la tiene que abrazar cómo si se la fuera a comer? —Bufo enojado, presionando los botones del control con demasiada fuerza. Estoy jugando una partida de Mario Kart con Shane. Soy pésimo para los vídeo juegos, el gamer obseso es mi hermano menor, pero necesitaba con urgencia una forma de liberar estrés.

—El rival. —Es lo único que dice Shane, antes de cruzar la meta, ganarme y volverse para mirarme—. Al menos ya no lloras por la loca.

Ruedo los ojos.

—No le digas...

—¡Es que estaba demente, Ashton! Pero tú, como estabas ciego e idiotizado, nunca te diste cuenta. Hermano, te revisaba los calzones y los contaba cuando iba a tu casa, ¡yo la vi una vez! Y tu hermano también.

—Sé que la odias, pero...

—Atrévete a decir algo positivo de ella y te lanzo el control a la cara —amenaza—. Además, seguramente es sólo algún amigo.

—Tenías que ver cómo la miraba. —Gruño enojado—. ¿Y qué amigo? Ella nunca lo mencionó antes.

—¿Y cómo la miraba? —Pregunta resignado.

—Como tú miras el póster de la chica de anime que tienes junto a la cama. —Quiero golpear algo—. Por cierto, ya quítala de allí, me hace sentir incomodo.

—Primero, se llama Elizabeth. Segundo, no la voy a quitar. Tercero, si la mira así, mi hermano, preocúpate después y reacciona ahora, para que no te bajen a la chica.

Lo miro con los ojos abiertos.

—No me gusta Andy. Es decir, no del modo romántico —digo, pero dudo al murmurar la última palabra.

—¿Sabes? Creo que, finalmente, sí voy a quitar ese póster.

—Sí, hazlo, creo que...

—¡¿Te crees que soy idiota!? —grita—. Te gusta esa chica, se nota. Haces ojitos cuando hablas de ella. —Bate las pestañas mientras lo dice—. Y sonríes cómo idiota cuando ves algo que te recuerda a ella. Además de que la vez que me la señalaste, cuando la vimos salir del edificio con su amiga, la bonita que se parece a Anne Marie, la miraste, exactamente, como yo lo hago con mi póster y no el de Elizabeth —levanta el dedo—. Sino el de Levi Ackerman, ese que tengo en el baño, donde sale sin camisa. —Y vuelve a hacer ojitos.

—Te odio, ¿sabes?

Y lo peor, es que ni siquiera puedo negarlo.

. . .

Ya estoy en mi departamento y el teléfono no ha dejado de sonar desde que salí de casa de Shane. Es un número desconocido, por eso no quiero atender.

Pero ya me he hartado, así que finalmente lo tomo.

—Diga.

—Hijo. —Su voz me llega con suavidad. Cierro los ojos. Y no quiero contestar.

—¿Ashton? Estás ahí. Por favor, háblame.

—Mamá —es todo lo que digo.

—¿Cómo estás?

—¿Por qué estás llamando?

Un suspiro llena la línea. Odio ser así con mamá, pero parece que sigo enojado.

Ella sabía todo lo que pasaba en casa y decidió callar. Y no sólo lo de que sabían que Katiena salía con mi primo lejano, estando conmigo, sino mucho más allá

—Estoy bien, mamá. —Suelto al cabo de un rato y la siento sonreír.

Extraño a mamá.

—Me gustaría verte.

—Estoy ocupado, lo siento. Pero quizá sea en algún momento.

—¿Lo prometes, hijo?

—Lo prometo. —No estoy seguro de si miento o no y solo cuelgo la llamada, sin dejarla contestar.

. . .

—¿Mi alfombra? ¿En serio?

Regaño a Travis mientras levanta la pata para hacer pipí en un árbol, ya para qué, si ya dejó todas sus cosas en mi alfombra.

Este me observa sin entender el porqué de mi enojo y solo ladra moviendo su colita.

Sigo pensando en la llamada de mamá y que quizá no tenga sentido estar enojado con ella, si también es una víctima.

Sacudo la cabeza. Hablaré con ella en algún otro momento, cuando me sienta mejor.

Travis lame mi bota.

—No vuelvas a dejar tus cosas en la alfombra —lo señalo y él me ladra—. Soy tu padre, no me respondas.

—No recuerdo haberte dejado hijos —detengo mi próximo regaño para Travis y volteo sin mucho ánimo.

—Hola, Katiena. —Saludo y me agacho para recoger a Travis, quien una vez en mis brazos ladra a Katiena y gruñe.

Buen chico.

—¿Cómo estás? —Pregunta acomodándose el cabello.

¿Qué hace ella aquí? No es que me importe, pero está frente al edificio donde vivo.

Y ¿cómo estás? ¿Hoy es el día de caridad y hay que preguntarle cómo está a la persona a la que le hiciste daño?

Sí, claro.

—Estoy bien. —Respondo y acaricio a Travis para que deje de gruñir—. Tengo que irme, adiós.

Paso por un lado de ella, pero no llego muy lejos, sujeta mi brazo y me impide seguir caminando.

—¿El que ya no seamos nada no quiere decir que tienes que odiarme?

Y quiero echarme a reír.

—Katiena, yo no te odio —digo y es verdad—. Simplemente ya no somos nada, literal. Ni amigos podemos ser porque traicionaste mi confianza, pisoteaste todo lo que te di.

Ella baja la cabeza.

—Él y yo terminamos. —Dice bajo.

Pero no me interesa. No me importa nada de lo que ella diga.

—Pues suerte en la vida.

Y entro al edificio.

—¿Qué pretendía? —Le hablo a Travis camino a mi departamento—. ¿Qué le iba a decir "ah, qué bien, estoy listo para que volvamos"? Sí, por supuesto.

Travis me ladra y le acaricio la cabeza.

—Sí, lo sé. No soy tan idiota como creía. Ya ni siquiera la extraño.

Aunque debo admitir que es lamentable cómo terminó todo.

Pero sí, no la extraño ni un poco.

—A ti sí te extraño —le digo al lugar por el que sé, Andy no saldrá. Permanezco de pie frente a su departamento más tiempo del necesario.

A ella sí la extraño.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora