capítulo 39

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16 de abril

Cierro los ojos con fuerza cuando la enfermera coloca la aguja en su lugar y tomo una inspiración profunda que pretende tratar de calmarme. No comprendo por qué sigo sintiéndome tan vacía en cada sesión, cuando ya debería estar acostumbrada, pero es inevitable el sentimiento de pesadumbre en mi pecho.

Aún es difícil.

¿Cómo puedes sentirte bien con el hecho de no saber qué pasará contigo? ¿Qué te den solo una esperanza a medias en cada ciclo?

Cuando la enfermera finalmente se marcha me quedo observando el suero, como si fuera la única cosa en la habitación y en mi vida. Gota a gota.

Respiro hondo y dejo mi espalda encorvada unos segundos. Todo está bien, todo está bien, todo está... no lo sé. Repetir eso se ha convertido en mi mantra y he intentado con todas mis fuerzas nunca olvidarlo y aferrarme a él como si mi vida dependiera de ello.

—¿Sabes? Anoche lloré. —Levanto la cara para posar mi atención en Paola. Ella me acompañará hoy por última vez, ya debe volver oficialmente a sus clases y no regresará hasta pasado un tiempo. Solo vino para verme hacer el ridículo, como la buena amiga que es.

Hoy no vinieron mis padres. Les pedí explícitamente que se prepararan y me esperaran en la universidad. Incluso dejé que hicieran pancartas de celebración para el final, con la condición de que no insistieran en venir al hospital.

Hoy será la obra y aunque el nerviosismo está comiéndome desde dentro, también estoy emocionada. Y no quiero que nadie de mi familia falte.

—¿Y eso por qué? —Pregunto y dirijo toda atención al ángel a mi lado.

Hoy ella decidió llevar su cabello suelto y sus mejillas brillan en su eterno color rosa, no obstante, no puedo evitar notar un nuevo brillo en sus ojos ojerosos y cansados.

—Estaba viendo maléfica y una mujer le dispara con una flecha y ella desaparece —explica—. Y me puse a llorar. Pero luego resulta que no murió. —Ahora parece indignada.

Ruedo los ojos y me río. Ella es la única persona que se puede poner a llorar con cualquier película. Recuerdo como lloró en mi hombro cuando terminamos de ver Toy Story 3.

—Sí, también la vi —la vi con Adrien... aquella noche.

Cuando Ashton se marchó me fui directo a la cocina, reprimiendo mis ganas de llorar, me sentí helada y triste. Y aún sigo sin comprender el por qué. Pero, al final, la noche fue bien. Tomé el pollo y el helado y llevé a Adrien a mi habitación. No deseaba sentirme sola en ese momento, además, los restos de la pesadilla múltiple seguían en mi sistema en ese momento.

Supongo que he estado expuesta a muchas emociones estos últimos meses y mi subconsciente se siente en la obligación de recordarme mi miseria hasta en mis sueños.

—¿Estás bien? —Preguntó mi amigo, con sus ojitos preocupados

Le dije que sí, pero como a la vida le gusta tirar de mis cuerdas con brusquedad, comenzó a sangrarme la nariz en ese momento.

—¡Dios, tu nariz! —Corrió asustado y me sujetó las mejillas, sus manos eran cálidas y suaves.

Me encontré en ese momento viajando al tejado del edificio, evoqué en mi mente la lluvia y unas manos que me sujetaban del mismo modo en el que Adrien lo hacía. Y un vacío mucho más grande se extendió en mi interior.

La calidez no era la misma. Las manos no eran las mismas.

Cuando Adrien me tocaba, no sentía que algo quemaba satisfactoriamente en mi interior. Él sólo era familiar. Ashton volvía a mi mente y no podía dejar de ver su mirada apagada al salir del departamento. Le dije a Adrien que todo estaba bien. Que era normal. Pero no le expliqué normal de qué modo. No le mencioné a donde iría al día siguiente por la mañana, ni el siguiente a ese. Sólo me limité a limpiar la sangre que brotaba, indolora, de mi nariz.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora