Me gustaría poder decir que regresé sola a mi departamento, pero papá y mamá insistieron en acompañarme, como si yo no conociera el camino a mi casa.
Esta noche estaré sola. Paola se quedó en casa de mis padres, en un juego de bingo bastante entretenido y en cuando este termine se supone que debe ir a casa de su madre.
He hablado con ella sobre la noticia a mis padres y también lloré un poco más en el baño de la que solía ser mi vieja habitación, en la calidez de su pecho, envuelta en sus brazos.
Mis padres no dijeron nada a nadie, justo como prometieron, pero eso no garantiza que no lo harán en un futuro bastante cercano. Pero por lo pronto, estoy intentado no devanarme los sesos pensando en cómo voy a soportar la actitud de mi familia cuando sepan de mi situación.
Otra cosa para la que tendré que prepararme mentalmente y ya sabrán por qué.
—Nos vemos el lunes temprano —papá me besa la frente y retrocede para rodear los hombros de mi madre.
—Me puedo quedar a hacerte compañía esta noche, sí quieres —propone ella. Tiene la voz ronca y la nariz roja.
—Estoy bien, madre, voy a estarlo. Nos veremos el lunes.
—Por favor... —Ruega ella.
—Estaré en casa, mamá.
Mis padres comparten una mirada que no logro descifrar y sonríen débilmente, antes de empezar a alejarse.
Sé lo mucho que les cuesta dejarme sola, pero también sé que saben cómo me siento y que necesito espacio, al igual que ellos. Los fuertes impactos a veces no dejan muertos, sino heridos, eso somos justo ahora.
Ellos también necesitan un momento.
No preparo nada para cenar y la comida que Michel me empacó la dejo en la nevera para ir directamente a mi habitación.
Me deshago de los zapatos y la ropa y me dejo caer sobre la cama, desnuda.
Dispuesta a volver a llorar.
....
Las sábanas heladas me acarician la piel y gimo en respuesta al sentir como me erizo de frío. Abro los ojos y observo con nostalgia.
Debo empezar a empacar.
Mi casa es como un lugar sagrado para mí, me acostumbré rápido a mi tranquilidad y eso me hace sentir nostálgica, no obstante, aunque quiero ir a vivir con mis padres, no quisiera salir de mi casa de esta manera.
Y aunque soy consciente de que seguir sola bajo los fuertes brazos de la soledad y que el silencio no me hace bien, me sentía a gusto aquí. Pero siento que me estoy deprimiendo otra vez y es algo que no debo permitir.
Mi celular vibra, sacándome de mi ensoñación y vuelvo a ser consciente de la realidad. Leo el mensaje con una arruga en la frente.
Número desconocido:
"Esto de ser padre soltero no está tan mal, pero acuérdate de tu hijo de vez en cuando y de mí".
Frunzo el ceño y me incorporo sobre la cama.
¿Qué rayos?
"-Ah, número equivocado".
Tecleo rápidamente y dejo el teléfono a un lado para acomodarme y volver a dormir otro poco. Empacaré más tarde.
Me cubro con las sábanas y cierro los ojos.
Pero no pasan ni cinco minutos antes de que mi teléfono vuelva a sonar. Cierro los ojos con más fuerza y me obligo a ignorar su sonido. No pasa mucho antes de que sienta que las suaves manos de un sueño profundo me acarician el cabello.
. . .
24 de febrero 8:45 a. m: lunes
Despierto una hora después de lo habitual y empiezo mi linda mañana con vómitos, mareos y dolor de cabeza.
Intento no alarmarme, ya que el doctor explicó que dichos síntomas son parte de la Leucemia e incluso producto de la misma quimio... Aunque eso es cuando ya se han recibido varios ciclos, pero tomaré la primera opción por ahora, porque tengo clases hoy y debo estar fresca como una lechuga.
Paso a un lado de mi cafetera y la observo con un puchero en los labios. Ya no más café para mí.
De todo, es lo que más odio. Recojo mi taza favorita y la dejo sobre el fregadero, justo al lado de su empaque. Un suspiro cansino brota de mis labios y meto la taza en su caja, porque no creo poder resistir la tentación.
Cuando regrese de la universidad tendré que empezar a empacar. Hoy sí... Hoy sí o sino mamá vendrá por mí y me obligará a salir.
Cuando salgo de la casa alguien ya se ha llevado el ascensor y frustrada comienzo a presionar los botones insistentemente, pero este no se digna a subir sino hasta largos minutos después.
Mi teléfono vibra y lo tomo de inmediato al ver que es Paola.
—Hola, bebé. —Sonrío al escuchar su voz en mi celular y doy un paso dentro de la enorme caja metálica cuando finalmente se digna a subir.
—Hola, Pau.
—Mi mamá te manda saludos —de fondo escucho la voz cantarina de la señora Ángela, claro que no alcanzo a entender lo que dice, pero le envío saludos de vuelta—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien, anoche dormí particularmente bien. —Ah, pero en la mañana—. Ahora voy camino a la universidad.
—Cierto, ¿no era más fácil faltar y ya? —Se queja.
—Nop. Mis estudios siguen siendo más importantes —casi la imagino rodando los ojos.
—Sí, señora "soy muy estudiosa". Iré por la tarde y te ayudaré a empacar tus cosas...
—No, no es necesario. Ángela se va a enojar porque te he acaparado para mí sola desde que llegaste.
—Sí, sí, sí, ayer estuvo toda la media hora que estuvimos comiendo, quejándose. Pero no es problema, puedo ir un rato y ayudarte.
—Estoy bien. Nos vemos en casa de mis padres.
—Mamá quiere que nos visites.
—Lo haré, me encantaría... —Las puertas del ascensor se abren y atravieso el vestíbulo con rapidez, saludo al vigilante antes de salir y me encamino a la parada de autobuses, acomodando mis lentes con el celular pegado a la oreja— ¿Ya le... Dijiste?
—No me dijiste que lo hiciera —responde ella—. Y no lo haré a menos que lo pidas.
—Gracias. —Murmuro en un susurro bajo.
—No tienes ni que decirlo —la imagino sonreír al otro lado de la línea y eso me hace sonreír también.
Debo estar tranquila, lo recetó el doctor y debo obedecer. Y una sonrisa por la mañana me hará mucho bien.
—Entonces... ¿Segura que no quieres que te ayude a empacar...? —Expresa, dubitativa.
—Estoy bien —respondo animada. Espero que esta tranquilidad me dure todo el día.
—Nos vemos en casa de tus papás entonces —Hay una extraña nota de emoción en su voz, pero el bus llega antes de pueda acosarla con preguntas. Le digo te quiero, responde yo igual y terminamos la llamada.
Hora de entregar un reporte de inglés que no terminé.
Vas muy bien, Andy. Una vida normal y ni bien vas en la universidad.
ESTÁS LEYENDO
Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
