7 de mayo
Me sostengo del retrete y dejo mi estómago en el fondo. Odio esto cada vez que pasa, cada segundo lo odio. Me es imposible acostumbrarme y no creo que alguna vez lo haga. La quimio es cada vez más agresiva y mi cuerpo entero sufre las consecuencias. Me sangran las encías con más frecuencia. Y también la nariz. Me duele la espalda y la debilidad hace estragos en mí. Es como recibir una golpiza día por medio. Y ya comienzo a verme cadavérica.
—Oye, ¿Andy, crees que...? —Will se detiene en el umbral de la puerta de mi baño y me observa con el ceño fruncido.
Lo observo sólo unos segundos más, antes de que mi estómago se revuelva enojado y me den arcadas nuevamente Él se acerca para recoger mi cabello y que no se ensucie, palmea mi espalda y espera, paciente, a que yo termine.
Cuando todo pasa, me dejo caer sentada, limpiando las lágrimas de mis mejillas.
—¿Estás bien? —Asiento.
Llegué hace una hora del hospital.
—¿Quieres que vaya por agua? ¿Te llevo a la cama?
Niego y me levanto, pero no sin su ayuda.
Es primera vez que Will me ve de este modo y realmente no sé cómo interpretar la mueca en su rostro. Él nunca va conmigo al hospital, sé que no se atreve a hacerlo aún. Pero nota que no me veo bien y está al tanto de los reportes. Pese a todas sus bromas y que me sacara de la casa en un secuestro improvisado, ha llorado desconsoladamente abrazado a mí en un par de ocasiones. Y verme de esta manera lo ha tomado con la guardia baja.
Adrien no deja de preguntar si me encuentro bien y no, no le dije nada aquel día en mi departamento, porque él tenía un problema, que yo no quise cubrir con el mío. Pero mamá me comentó que él comienza a hacer preguntas cada que puede, para saber qué me sucede.
No me veo, ni me siento bien. Y todos a mi alrededor lo notan, pero no dicen nada por miedo a hacerme sentir mal. Es jodido que tu familia sienta lástima por ti todo el tiempo. Pero no los culpo.
—Te llevaré a... —Levanto mi mano y lo corto con gentileza.
—Es normal, Will. Sucede todo el tiempo y más después de regresar del hospital. Puedo ir yo misma por algo de agua. —Mi voz es dulce y cansada. Él sólo asiente, pero haciendo caso omiso a mi petición, me toma del brazo, temiendo que me caiga si me suelta y me guía escaleras abajo.
—Mamá salió con Melanie, irán a resolver algunas cosas que aún faltan para su fiesta de cumpleaños. —Dice, para sacar conversación—. Llegarán en unas horas.
—Faltan meses aún —digo—. ¿Cuándo creció tanto?
Me quejo y él suelta una risita.
—Bueno, papá sigue sin desistir de la idea de quitar la escopeta de encima de la chimenea, así que tú y yo podemos permanecer en negación un poco más.
Llegamos a la cocina y tomo asiento en unos de los taburetes. William me sirva un poco de agua y siento que revivo un cuarto de lo que debería cuando me hidrato. Ya no me quedaba nada por dentro.
—Por cierto —y me pasa una manzana. Le sonrío—. Ash está esperándote.
Paso saliva y mis manos hacen puños mi mono de chándal ¿Ashton? ¿Él está aquí? Calma, mantener la calma es primordial.
¡Ashton está aquí! No lo veo desde hace casi una semana. Desde el día que quedamos para ver películas y... Nunca llegó. Adrien me hizo compañía un rato más. Él tuvo un problema y quería alguien con quien hablar al respecto. Me quedé sola en casa, luego de que él se marchara.
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Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
