22 de febrero
Como todo en la vida, siempre habrá momentos en los que estarás bien y otros en los que... No tanto.
Tendrás un breve momento para reír y el resto de tu vida para llorar. Pero descuida; la buena noticia es que nunca te salvas de uno o del otro. Solo así podrás tener equilibrio.
Aunque, no hará que duela menos.
Pero, aun sabiendo todo eso, nunca logramos estar preparados para cuando el momento feliz o triste llega. Aunque es irónico, la mayor parte del tiempo nos enseñan que debemos estar preparados para lo peor, así lo peor no vaya a pasar. No obstante, siempre albergamos esa pequeña esperanza.
Y el rostro de desconcierto de mamá y la mirada seria de papá, realmente, no sé cómo interpretarlo. No hay esperanza, no hay nada. Solo el nudo en mi garganta.
—¿Qué? —Balbucea ella. Sus dedos, que antes sostenían la taza, que ahora descansa rota en el suelo, acarician el vacío.
Diría que mi madre está en shock, pero lo descarto al verla arrugar su nariz en un pequeño mohín, antes de estallar en risas.
Ay, mamá.
El nudo en mi garganta crece y me llueve la cabeza de ironías. Esa fue exactamente mi reacción cuando el doctor me dijo que tenía cáncer.
Me reí hasta el cansancio.
Y ahora no puedo parar de llorar.
—Andy, linda —mamá se aclara la garganta y se lleva la mano derecha a la mejilla—. Cariño, si necesitas que te prestemos atención y dejemos de pelear, hay maneras más sutiles de pedirlo.
Bajo la cabeza y siento las heladas uñas de una lágrima solitaria, resbalar por mi mejilla. Me rasga la piel.
—Andy —me llama la voz de papá, suena tenso.
—Lo siento. —Susurro. Mis ojos viajan a los de mi padre, él me observa con ojos preocupados y quiero echarme a llorar.
La sonrisa en el rostro de mi madre se borra y sé que en cualquier momento se pondrá a llorar. El chiste de la atención fue un débil intento de negación.
Jamás jugaría con algo así. No soy ese tipo de chica.
Y ellos lo saben.
—Oh, Dios —mi mamá se lleva la mano a la boca y ahoga un sollozo.
—¿Cuándo? —Papá pregunta. Sus ojos brillan con lágrimas.
—Hija, buscaremos a los mejores doctores, te sugerirán quimioterapia y...
Bajo la cabeza.
—Me lo diagnosticaron en enero, mama. Ya me sugirieron la quimio. Voy a comenzar el segundo ciclo en una semana —sollozo.
Ya debo tener la nariz roja y los ojos hinchados, ver llorar a tus padres es peor a que alguien te clave un cuchillo. Es peor que tener cáncer.
Veo a mi padre llevarse ambas manos a la cabeza y cerrar los ojos en señal de que está cayendo lentamente dentro del hoyo negro de la verdad, lo sé, porque yo también lo hice.
—Pero ¿cómo? —Mamá corre a mi encuentro y me envuelve en sus brazos—. No, no... Andy, ¿estás desde hace un mes y ahora es que nos lo dices?
Mamá se ríe y llora al mismo tiempo.
—Mamá, pude haber estado así desde el año pasado, pero no lo sabía. Lo siento yo... Solo no podía... Perdón, mamá. —La abrazo y lloro con ella, sintiendo como un leve peso libera mi espalda.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
