Capítulo 41

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30 de abril

Cuando era pequeña solía mirar mucho "Alicia en el País de las maravillas" antes de ir a dormir, porque era y es una de mis películas favoritas de toda la vida.

Hoy por la mañana, al despertar, quise pensar en las posibles imposibilidades que podrían ocurrir en mi día, justo como ella lo hacía. Era divertido y creo que aún no pierdo la costumbre.

La primera: Lavarme el cabello.

Mi cabello está susceptible y por eso evito peinarlo o lavarlo demasiado. Siento ganas de llorar cada que se queda de más en mis dedos. Este se debilita con cada día que pasa. Siempre me ha gustado mi cabello, por eso sé que voy a extrañarlo cuando ya no esté. Por eso, quiero conservarlo todo el tiempo que me sea posible. Así que un día me hice una trenza de lado y esta se ha convertido en mi peinado permanente desde entonces.

Ya han pasado dos semanas desde la obra y papá armo una linda repisa en la sala, junto a catalina; su escopeta, para poner mi premio Oscar de barbie.

Se recaudó suficiente dinero para las reparaciones y ninguno cabía de felicidad. Me reconfortó haber sido parte de algo tan productivo como una obra de teatro para recaudación de fondos. No, chicos, no sólo se hace en la preparatoria.

Y seguro se preguntarán ¿qué he estado haciendo durante todo este tiempo? Fácil de responder.

Las visitas al hospital se volvieron más constantes.

La leucemia sigue exactamente en el mismo lugar.

El doctor no dice que eso sea algo malo, pero tampoco es algo bueno. Así que, por lo pronto, sólo debo seguir con la administración del medicamento.

Es cómo estar en un punto intermedio. En la nada. No estoy empeorando, pero no es como que ya esté sana. Así que será más quimio, ¡genial!

Pero la pérdida de cabello no es lo único que va a atormentarme.

Y cómo explicaron desde un comienzo, antes de las sesiones de quimioterapia, en algún momento mi cuerpo sufrirá los efectos secundarios de la medicina, más de lo que ya lo hace ahora. Vomito más de lo que lo hacía antes, no puedo evitar sentirme siempre cansada y no quiero saber cuánto peso he perdido en todo este tiempo.

También están los dolores de cabeza y mareos. Estos se presentan después de cada quimio o cuando estoy en cualquier otro lugar. La debilidad con la que salgo de la sala de quimio cada semana es, simplemente, desalentadora.

Así que lo único que he hecho (no lo único, pero sí en exceso) es descansar y sentirme miserable en mi cama de vez en cuando, cuando nadie lo nota.

Así que, definitivamente, hoy no lavaré mi cabello.

Segunda: Que mamá no entre a mi habitación a preguntar si me encuentro bien, por Ashton o simplemente a tratar de sacarme, a la fuerza, la confesión de si tengo algo con Adrien. No, gente, Adrien y yo somos sólo amigos.

Aunque los momentos incómodos entre él, Ashton y yo, no dejan de darse.

La primera vez fue cuando lo encontró sin camisa en mi casa.

La segunda vez al terminar la obra.

Adrien se acercó, con sus dulces rasgos asiáticos iluminados, me envolvió en sus brazos y llenó de besos mi cara. Me reí divertida y de tanto moverme uno de sus besos aterrizó en mis labios. Tenían que verlo, parecía un tomate luego de eso.

Y el chico rubio nos vio.

De hecho, él estaba detrás de mí cuando Adrien llegó. Ashton se despidió a secas y se marchó del lugar temprano. No lo vi más, hasta el día siguiente.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora