Definitivamente, voy a morir si no aprendo a hablar y a respirar al mismo tiempo mientras actúo.
Vamos a mitad de toda la obra ¡Dios! Esto está saliendo mejor de lo que yo esperaba y eso que casi me caigo apenas atravesé el telón.
Toda mi familia está aquí, comenzaron a gritar mi nombre y a levantar las pancartas apenas salí a escena y aunque no quería mirarlos, para no ponerme más nerviosa de lo que me encontraba, al final ellos fueron mi aliento.
—Oh, Romeo, Romeo, ¿dónde estás que no te veo? —Dramatizo, para luego poner una mano en mi frente. Esto me resulta incluso divertido y desde mi "torre" puedo ver al público, todo el cast y tengo buena vista del escenario.
Si alguien me hubiera dicho meses atrás que iba a hacer de protagonista en una obra, créanme, me habría reído con muchas ganas en su cara.
Al terminar de hablar, un reflector se enciende y desde mi posición observo a Nellyana y María tomarse de las manos y chillar. Están emocionadas. Y creo que la profesora Chándal tiene lágrimas en sus ojos. Pero no porque la obra sea demasiado emotiva cómo para llorar. Sus lágrimas son de risa.
—Oh, Julieta. —Y su voz hace estragos en mi vientre. Y aunque al principio sentía que mi vestido estaba ahogándome, ahora lo siento cómodo... Hasta que Ash me mira y me guiña un ojo.
Dios mío, va a matarme.
Ya casi está por acabar la obra, así que ya no lleva su traje de campesino, está llevando uno colorido en azul eléctrico y yo quiero desmayarme de lo guapo que se ve. Le sienta magnifico. Y el verde también le contrasta con su piel. Él sí parece un príncipe.
Me mira y sonríe abiertamente.
—Oh, Romeo, Romeo. —Extiendo mi mano en pose anhelante, como si quisiera alcanzarlo, pero está demasiado lejos. Y tengo ese sentimiento muy dentro de mí, quiero alcanzarlo, pero me aterra, podría saltar de mi torre y correr a sus brazos, pero soy demasiado cobarde para hacer eso. Y no hablo de la Julieta de la obra—. Cada vez que te veo —me llevo una mano a la frente, dramáticamente—. Me duele este dedo —y ahora le muestro mi dedo índice.
Y el público se carcajea. No es así como va el verdadero guion y lo de improvisar fue una gran idea. Lo miro una vez más y sus ojos me escrutan directamente. Me encanta que haga eso, es cómo si descociera los hilos de mi piel con sólo posar su atención en mí.
—Oh, Julieta, cada vez que te veo me dan ganas de comer chuletas.
Más risas le siguen.
Y así seguimos, acompañando la velada, con un montón de versos al revés.
Y cómo lo prometido es deuda y cada obra debe tener un final.... Es momento de cerrar con el beso.
Romeo yace, supuestamente, muerto en mis brazos. Lo sostengo muy cerca de mí y me tomo un momento para admirarlo.
Y nos extendemos más minutos de lo ensayado. Cuando Ashton finalmente nota la ausencia de mis labios, abre un ojo para mirarme.
—¿Está todo bien? —Susurra
Le sonrío y acaricio su mejilla. Ya no hay risas entre el público, sólo expectación. Él me mira sin decir nada.
Tiene la piel de su rostro cálida y una sonrisa me deja ver el hermoso hoyuelo que se forma en su mejilla.
—No tienes que hacerlo, si no quieres —dice lo suficientemente bajo como para que sólo yo lo escuche, sin perder su buen humor. Intentando disimular el destello de decepción que cruza su mirada.
Y le sonrío.
—Gracias —mascullo, sólo para él—. Jamás podría haber hecho nada de esto sin ti, literalmente.
Me inclino y junto nuestros labios. Mi arrebato lo toma por sorpresa y más cuando él se había convencido, totalmente, de que no lo haría. Y me besa de vuelta.
Y el público estalla en aplausos y gritos.
La obra ha terminado, pero no me alejo de sus labios. Él sabe cómo la primera vez que me besó.
Y no era consciente de cuantas veces había fantaseado con volver a besarlo, hasta que finalmente lo he tenido.
Ashton posa su mano en mi mejilla y responde a mi caricia.
Devolviéndome las ganas de vivir. Quiero vivir.
. . .
El telón sube y los aplausos regresan. Todos nos tomamos de las manos, tanto actores como detrás de escena, porque son todos importantes y nos inclinamos, en una merecida reverencia. Sin duda, una gran experiencia para recordar. Y pensar que consideré huir.
Ashton suelta mi mano un segundo después y comienza a alejarse sin siquiera mirarme.
—Muchas gracias a todos, por estar aquí —aparece la señora Chandal feliz y campante, mirando del público a nosotros con orgullo—. Chicos, han hecho un gran trabajo. Felicitaciones, estoy orgullosa de ustedes.
Y más aplausos le siguen, pero esta vez no sonrío, mi vista está clavada en Ashton, quien comparte una mirada cómplice con la señora Chandal y esta le entrega el micrófono.
¿Qué pretende?
—Gracias —se dirige al público que sigue aplaudiendo—. Sin duda alguna, chicos, un gran trabajo. Y como todo gran trabajo debe tener un premio... Tenemos uno especial.
Deja las palabras al aire, los reflectores se encienden y muchos de los chicos en escena se dispersan, ¿qué rayos?
Nellyana se acerca a mí y toma mi mano para guiarme al centro del escenario, más cerca del borde, la miro escéptica, pero ella no dice nada, sólo me sonríe.
Me sitúa delante de Ashton y se aleja. Busco su mirada azul, pidiendo una explicación, pero él tiene su atención en María, quien le entrega una tarjeta. Él se aclara la garganta y dice con elocuencia.
—Y el premio Oscar a la mejor actriz es para... ¡Andany Coldwater!
Abro la boca para decir algo, pero nada sale.
Todo el mundo comienza a aplaudir e instintivamente busco a mamá en el público. No logro dar con ella. Ashton tiene una sonrisa pintada en su cara y sus ojos están iluminados.
Es demasiado hermoso para ser real.
Alguien toca mi hombro y enseguida algo es colocado en mis manos. Y estoy segura de que mi cara ha de ser un poema.
—Bueno, hermosa —La voz de mi chico, que no es mío, sí, lo sé, pero me gusta llamarlo así, suena una vez más por los altavoces—. Felicidades.
Lo miro confundida, pero tengo una sonrisa tonta en la cara. Niego con diversión y me arrojo a sus brazos para abrazarlo.
—Ya sé que no es un Oscar real —explica en mi oído, acariciando mi cintura y me separo de él lo suficiente, solo para ver a la muñeca en mis manos—. Pero mira qué bonita se ve Barbie en su vestido dorado.
Y me río con lágrimas en los ojos.
Me río con ganas y enseguida los chicos regresan, hacen una nueva reverencia y el telón vuelve a cerrarse.
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Antes del Cielo
Não FicçãoAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
