18 de junio
Mi cuerpo reposa sobre sobre la camilla. Pese a que estoy adormilada, me siento intranquila. Cuento en mi cabeza hasta diez y de vuelta, para tratar de aliviar mi ansiedad.
Mi trasplante inició hace al menos dos horas y este puede durar de cuatro a cinco horas, así que lo mejor es tratar de estar calmada, pero mi cerebro no termina de asimilar eso. Al menos sé que hoy Ashton pasará la noche conmigo, pero, aunque quisiera que eso me tranquilizara, no lo hace.
Aún sigo nerviosa y mi dolor de cabeza, desde ayer, no ha disminuido ni un poco. Fue poco lo que pude dormir y los efectos del trasplante están golpeando mi cuerpo con violencia.
Tengo fiebre, me duele el pecho y al toser hay sangre. La sangre en mi nariz también es frecuente. Me siento terrible físicamente y aunque este proceso es para intentar sanar, me está destruyendo aún más. Me estoy rompiendo.
El primer período será de seis meses, se harán estudios, más trasplante y se decidirá si continuar o suspender, dependiendo de cómo evolucionen mis células. Honestamente, ya no creo ser capaz de resistir una decepción más. Es ahora o nunca. O quizá mí nunca sea ahora. Muchos ya no tenemos esperanza.
No he sabido nada de Christopher desde que aquel hombre lo arrancó de mis brazos. No sé qué tan mal está... No sé si aún vive. Eso es peor que los efectos que estoy experimentando ahora. Y Callahan no me dice y en mi corazón, me da miedo preguntar.
Observo el techo gris y cierro los ojos, mi cabeza punza y la fiebre está haciéndome temblar.
El doctor Callahan me observa detenidamente y revisa la bolsa de sangre de vez en cuando. Toma mi temperatura y pulso. No habla, sólo observa y cuida de mí. Él quizá no deba estar aquí.
Debe estar en otro lugar, yo quisiera estarlo también.
—¿Cómo está? —Pregunto, pasados unos segundos. Mi respiración es irregular y tengo que lamer mis labios rotos a cada rato porque se sienten como suelo seco.
—Estoy bien —responde Callahan, confundido—. ¿Cómo te sientes...?
—No usted. —Respondo mordaz—. Él.
Callahan deja la libreta a un lado y toma asiento.
—Aún vive.
Mis ojos se llenan de lágrimas y el alivio es instantáneo. Aún vive. Aunque eso no sea vivir, sino perpetuar la agonía, me calma saber que podré verlo una vez más.
—¿Por qué no hace con él lo que hace conmigo, Robert?
—No sé de qué hablas. —Ignora mi pregunta y sigue escribiendo.
—¿Cómo alguien puede ser tan mal padre? —Escupo enojada—. Christopher no se encuentra bien y usted no hace nada —dejo caer mi cabeza en el respaldo y respiro enojada—. Usted sólo está esperando a que él muera.
—Eso no es cierto. —Responde tranquilo, como si estuviera acostumbrado a este reproche.
—¿Y por qué no mejora? —Pregunto llena de enojo
—¿Por qué no lo haces tú? —Callahan arrastra su silla y se acerca más a mi cama—. Se ha intentado todo lo que se ha podido. He sido su donante por años, Andy, porque soy el único compatible con él. Y ¿sabes qué? Solo sirvió bien una sola vez. Luego comenzó a rechazar el trasplante, la medicina, los intentos. Hay daño hasta en sus órganos, la donación ya no sirve... Se muere. Y yo no puedo evitarlo, porque no hay nada más que hacer.
—Entonces haga más —reprocho y mi pecho se aprieta, un nudo me aprieta la garganta y se me dificulta respirar.
—Ya no puedo.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
