Punto de vista de Andy
—Es todo señorita, Coldwater. —Emito un pequeño suspiro de alivio y libero la tensión de mis hombros. No tengo ganas de volver a hacer ese reporte, así que me alegro de haberlo pasado, aunque lo haya entregado incompleto.
El profesor Sander recoge todas sus cosas y luego de darme la invisible sombra de una sonrisa, se marcha. Todos los que vinieron a cubrir sus horas se han ido y yo era la última alumna para revisar, así que la universidad está casi desierta.
Me cuelgo el bolso al hombro y tiro el reporte a la basura, igual está aprobado. Y aunque eso no debería, me siento tranquila, una nota por debajo de mi promedio es el menor de mis problemas ahora.
Ya no tengo tanto ánimo cómo antes y eso no está bien. Admito que he llegado a pensar ¿qué sentido tiene que me siga esforzando pese a lo que padezco? Y soy consciente de que es el pensamiento más vago y vacío que puedo llegar a tener, porque estoy tomando mi enfermedad como excusa.
Porque, pese a todo ¡sigo viva! Y no puedo pasar el tiempo que me queda o lo que sea, como un adorno en un rincón, ¿cierto? Aunque a veces me cuesta, ya he perdido la cuenta de las veces en las que me he animado y desanimado a mí misma en intervalos increíblemente cortos. Pero yo puedo con esto. Ya no estoy sola.
La universidad está casi vacía.
Hay algunos alumnos matando el tiempo en alguna parte del patio, tomando fotografías y jugando entre ellos.
Veo a dos chicas darse un beso en los labios y a un chico tomarles una foto, mientras el resto aplaude la hazaña.
Sonrío sin mirarle el chiste y sigo mi camino, pasando frente a la máquina expendedora de refrescos de la que no podré servirme nada.
Mis últimas horas libres las paso en la biblioteca, leyendo por quién sabe qué vez "Bajo la misma estrella", limpiando mis ojos y sorbiendo por la nariz siempre que repaso el final.
Es tan irónico, es mi libro favorito.
La vida puede llegar a ser bastante cruel a veces.
Es un alivio que mi libro favorito no haya sido "destino final" o algo así. Aunque, teniendo cáncer, no estoy muy lejos de allí.
Cuando el reloj da las cuatro treinta de la tarde, finalmente, es hora de ir a casa. Aún no hago mis maletas y no quiero que mamá llame e insista en ir a ayudarme de nuevo.
Pero antes me gustaría dormir un poco.
Me siento bastante cansada justo ahora, todo a causa del horrible mes transcurrido, con el inicio de mi medicación y la depresión de la devastadora noticia.
Por eso ahora solo anhelo poder dormir, ¡descansar un minuto!
No se vale, no es justo, ¿por qué yo?
Pero saben qué.
Ya no me importa, no puedo hacer nada para curarme del cáncer sin tener que pasar por un hospital que incluso podría no ser, exactamente, la solución. Esto es lo que hay ¿no?
Ya he terminado por esta semana, no tendré clases hasta la próxima así que está bien parar y respirar. Debo ir a casa y empacar, es lo que menos he hecho y mamá está enloqueciendo al no verme llegar.
Estoy horriblemente agotada, así que descansaré el tiempo que esté libre.
Mis pasos rechinan contra el piso y ruedo los ojos.
No obstante, lo hago a propósito un par de veces más por puro ocio, hasta que comienza a divertirme. Pero no pasa mucho hasta que un fuerte estruendo me hace saltar en mi lugar.
Dejo mi pequeña niñería a un lado e inspecciono todo a mi alrededor, frunzo el ceño al no ver a nadie cerca, porque son casi las cinco y el pasillo está solitario.
—Maldición —una voz ronca y perfecta llena mis oídos y sigo el hilo de la melodía, hasta dar con su dueño. Su voz la reconocería a kilómetros de distancia—. ¡Joder! —Sigue maldiciendo. Me llevo una mano a los labios y hago el esfuerzo de no reír.
Hay un jarrón (o lo que queda de él) roto en el suelo.
Observo a Ashton recoger los restos esparcidos, con su ceño fruncido. Y mientras intenta arreglar el desastre, sólo logra empeorarlo más
—No sabía que te gustaban las manualidades —toco la puerta abierta con los dedos para llamar su atención y él voltea de inmediato.
—Oh, hola, —se pone de pie de un salto—. Hermosa Andy.
Sonrío y siento mi estómago burbujear, doy un paso dentro del estudio de ensayo, donde estoy segura se da Romeo y Julieta, y cruzo los brazos.
—¿Qué pasó? —Señalo con los ojos el panorama. Lo oigo gruñir enojado.
—Que soy idiota, eso pasó.
Niego con una sonrisa, relleno el espacio que nos separa y recojo la base de... Ah, no es uno, son dos jarrones rotos—. No eres idiota porque se haya caído —espeto con suavidad.
—Créeme, eso sólo es la cereza del pastel.
—¿Qué haces aquí?
—Soy parte del elenco —explica de mala gana. Me es imposible contener la risa y estallo en carcajadas.
—¿Qué tu qué? —Me sostengo el estómago.
—Deja de burlarte de mí —gruñe—. Y no fue mi elección.
—Dios —me abanico el rostro—. No tenía idea de que te fueran este tipo de cosas, Ashton.
—Y no lo hace...
—Bueno, supongo que es bueno —niego, divertida—. En fin, debo volver —señalo la puerta—. ¿Te vas?
—No hasta que termine con este desastre.
Miro todo a mi alrededor y me muerdo el labio inferior. La verdad, no tengo ganas de volver a casa tan pronto. Paola no está y no quiero estar sola...
Subconsciente: Sí, claro.
—Bueno —doy un paso dubitativo—. Yo te puedo ayudar y así nos vamos juntos... ¡Digo! Terminas más rápido —me río nerviosa y me giro sobre mi costado levemente, para que no vea mi rostro enrojecido.
No obstante, puedo notar como sus ojos azules se iluminan y una sonrisa enorme se adueña de su rostro.
—Eso sería genial —me toma de los hombros y me besa la frente—. Me gusta cuando estás cerca.
Y esta vez no puedo ocultar el color escarlata de mis mejillas, pero sí el latir desbocado de mi corazón ante su toque.
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Antes del Cielo
Non-ficțiuneAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
