Capítulo 6

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El teléfono timbra cuatro veces, antes de que una voz alegre, levemente apagada por el cansancio, llene la línea.

—Hola —sonrío entusiasmada a pesar de que ella no puede verme.

 —No he pegado el ojo en dos días y ocho horas. Voy a morir antes de haberme graduado siquiera.

Me río.

—Estarás bien. Descuida.

—Me estoy cuestionando si realmente quiero ser médico —resopla y ruedo los ojos—. Te extraño —dice finalmente Paola.

—Yo también te extraño —es duro tener a tu única y mejor amiga tan lejos de ti.

Ella quiere ser pediatra, por lo que tuvo que mudarse a otra ciudad para poder estudiar la carrera.

—¿Cuál es nuestro lema?

—No dejes de luchar, aunque te quedes sin cabello ¡A mí se me cae el cabello desde que nací! Ya hay que cambiar ese lema, Andy —la siento inhalar fuerte.

—Todo va a estar bien y vas a ser una pediatra maravillosa. Y ese “lema” fue tu idea —me dejo caer en la cama, reposando mi mejilla en la almohada, que se encuentra deliciosamente heladita.

—Sí, fue mi idea, pero a los quince años, Andany. Como sea, ¿cómo estás? ¿Estás bien tú? ¿Todo bien en la universidad?

—Todo perfecto. Yo bien… Aunque…

—¿Aunque?

 Titubeo.

 —No me he sentido muy bien —admito—. Mi período ya ha venido dos veces este mes. Y el pasado. Y me sangra la nariz. También he vomitado mucho, ¿es algo que debería preocuparme?

Las ventajas de tener a una amiga que estudia medicina es que puedes darte el lujo de ser paranoica, porque tienes doctor personal.

—Es extraño. Nunca se te había descontrolado. Y la sangre en la nariz no sabría decirte, ¿tienes mareos? ¿dolor de cabeza? ¿has estado comiendo bien?

Sí, ella me conoce muy bien.

—Jeje, no…

 —Andy —me regaña—. ¿Algún otro síntoma? —Está en modo “paciente, doctor”.

—Bueno, el dolor de cabeza, mareos, también náuseas. Mamá dice que estoy demasiado pálida. Ah y el sangrado.

La escucho suspirar.

—Debes ir a hacerte un chequeo, Andy. Es importante hacer esas cosas cada cierto tiempo, ¿estás bajo mucho estrés?

—Un poco, sí.

 —Debes ir, llamaré a un amigo, le pediré que te atienda sin una cita.

—Odio los hospitales, lo sabes —me quejo—. He estado un poco atareada estos meses, quizá sea eso.

—Pues no estoy de acuerdo, quiero que te hagas chequeo general…

 —Pero…

 —No quiero peros, Andy —habla con severidad, cual doctor a su terca paciente—. Y también con un ginecólogo, ¿has tenido encuentros tipo S?

 Casi la puedo imaginar entrecerrando los ojos.

—¡Dios, no! ¿Qué te sucede?

Ambas reímos. Sin duda la extrañó. Ella es parte de mí.

 —Sólo tuviste sexo una vez en toda tu vida. Es increíble —se burla.

—Fue lindo —defiendo.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora