Listo, lo dije, lo dejé salir, prácticamente lo grité. Sí, definitivamente lo grité.
Y lo siento una vez. Me está consumiendo, me duele, me duele mucho. Me está matando lenta y dolorosamente.
Probablemente no lo entenderían, sé que me he cansado de prometer que lo intentaré, ser fuerte, que esto no podrá vencerme sin siquiera haber comenzado aún... Pero no es fácil despertar un día y que simplemente el doctor te diga que vas a morir.
Leucemia. Leucemia Linfoblástica.
Eso no es fácil de digerir, ni de cerca. Y menos si tenías tantas metas y sueños, es como si todo se hubiera congelado en el tiempo. Y ni siquiera puedo enojarme por lo hiriente de sus palabras, tiene razón.
—Tengo cáncer —susurro para mí, sin dejar de verle, sintiendo algo dentro de mí romperse.
Ashton abre la boca y enseguida vuelve a cerrarla, está en shock. Yo lo estuve, aunque, siendo honesta, avancé un paso y retrocedí veinte, porque pasé de la aceptación a la triple negación en sólo segundos.
Muy dentro de mí albergaba la esperanza de despertar por fin de esta terrible pesadilla, pero esta solo sigue avanzando en bucle.
—¿Qué? —Masculla finalmente, parpadea y se aparta el cabello. Está inmóvil, incluso temo que se haya quedado adherido al suelo.
—Yo... yo... —Quiero decir que no es verdad, que bromeo, pero algo me corta la lengua, envolviendo mis palabras y el nudo en mi garganta está amenazando con ahogarme—. Empecé quimioterapias hace un mes...—Tomo una fuerte inspiración, es difícil, pero me obligo a seguir hablando, quizá no tenga sentido o simplemente a él no le importa que pase conmigo... Pero tengo que hablar.
Y no con mi madre, que espera el más mínimo segundo para llorar conmigo. O Paola.
No con mi doctor.
Sino con él. Yo... he anhelado todo este tiempo el consuelo de sus brazos.
—La vez que fui al doctor... Luego de que me desmayara —las palabras salen a borbotones, sin orden, sólo brotan y ya—. Leucemia, ese fue el... El... —Me trago las palabras y vuelvo a llorar sintiéndome diminuta.
Quiero agregar algo más, lo que sea, pero nada más sale, salvo la sal de mis lágrimas. Y cuando finalmente voy a pedirle que no quiero que me mire de una forma extraña, que no soy una frágil muñeca de porcelana que podría intentar suicidarse, siento calor rodeando mi cuerpo. Sus brazos arropan mi sufrimiento.
Mi respiración es rápida, agitada al compás de su corazón.
Ashton me envuelve en sus brazos con fuerza. Acaricia mi pelo y susurra palabras dulces.
—Nena, por favor, no soporto verte llorar, por favor, para... Por favor.
Quisiera obedecer y hacer lo que me pide, pero justo ahora es lo único que necesito. Me aferro a su cuerpo, no dispuesta a dejarlo ir. Porque, pese a todo, su cercanía se siente bien, me siento segura en sus brazos.
—Se suponía que era fuerte —murmuro contra su pecho, hundiendo la cara en su camiseta.
—Y lo eres. Nena, no creas que fallas porque lloras, al contrario. Eres fuerte, yo... No puedo creerlo, es... Dios, no tengo palabras. Pero sé que puedes, no te sientas mal, llora todo lo que quieras, yo estaré aquí para sostenerte.
Un nuevo torrente de lágrimas acude a mis ojos y lo rodeo con más fuerza.
¿Por qué se siente tan bien tenerlo cerca y escucharlo decir esas cosas? No lo sé, pero no quiero que pare. Quiero creerle. En mi fragilidad quiero hacerlo.
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Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
