17 de mayo
El peso de mi cuerpo se hunde sobre una superficie blanda y aunque me duele la cabeza, estoy extrañamente cómoda. Seguramente he de estar en mi cama. Me duele la cabeza horrores y mi garganta se siente como si hubiera tragado una bolsa de clavos.
Me remuevo debajo de las sábanas y me hago un ovillo, intentando conciliar el sueño una vez más. Pero es imposible, me pitan los oídos y la cabeza me va a explotar.
Abro primero un ojo y luego el otro.
Parpadeo con fuerza y trato de acostumbrarme a la claridad que se filtra por la ventana. Las cortinas de mi departamento están corridas.
Me acaricio las mejillas, subo a mi frente y finalmente paso las manos por mi cabello... abro los ojos de golpe.
Un momento. Me incorporo bruscamente y mi cabeza se queja. Yo no había venido a mi departamento desde hace un rato, por eso sé que no he remodelado nada. Yo ni siquiera acostumbro a abrir las ventanas. Inspecciono con cuidado mi alrededor.
¡Y este ni siquiera es mi cuarto! Ay, por dios. Ay, por dios.
Empiezo a mirar histérica en todas direcciones, abrazando las sábanas que cubren mi cuerpo contra mi pecho. Esta no es mi habitación. Puedo notarlo por las cortinas azules y que las mías nunca las abro. Y yo no tengo un televisor que ocupa media pared. Ni televisor tengo. Todo lo veo en la computadora.
Estoy lista para ponerme a gritar como loca porque:
Número uno: Estoy en una cama que no es la mía.
Número dos: En una habitación que no es la mía.
Y número tres: Tengo una camiseta que no es mía y además no llevo sujetador.
¿De quién es esta habitación?
Recuerdo vagamente haber ido al cine, que alguien nos perseguía, yo estaba gritando y después entramos a un bar. Pero no hay demasiado después de eso.
Me vuelvo a llevar las manos a la cara y golpeo mis mejillas para despertarme. Quizá esto es residuo de otro sueño y sigo dormida.
Pero las mejillas me duelen, así que no estoy dormida. Tiene que ser un chiste.
¿Qué estupidez habré hecho? Es obvio que el dolor de cabeza que tengo se debe a la resaca ¿qué tomé, por cierto? Continúo con mi diatriba mental, cuando alguien se aclara la garganta llamando mi atención.
Y finalmente me percato de él. Ashton.
Sonriente y sin camisa. Ah, mierda.
Flashbacks de la noche anterior llenan mi cabeza y ganas de que la tierra se abra y me trague invaden mi cuerpo. Me recuerdo a mí misma llorando, entrando al bar, pidiendo las copas... Todo aparentemente normal.
Yo saliendo a bailar ¿bailar? Ni siquiera sé bailar. Yo abrazando a Ashton... Yo cantando canciones en el karaoke, la gente aplaudiendo. Yo bailando sobre una mesa, sin importarme que llevara vestido.
Me cubro el rostro con las menos al percatarme de su sonrisa juguetona.
—¿Dios, hice todo eso? —Gimo.
—Es irónico que menciones a Dios, cuando seguro tienes una resaca de mil demonios —se burla y lo miro con odio—. Y eso que no he llenado los baches que no puedes ver. No tenía idea de que conocieras tantas rancheras —me mira incrédulo—. Recuérdame no dejarte beber otra vez.
—¿Qué le pasó a mi vestido? —La camiseta que llevo puesta huele a él. Resisto el impulso de llevarme la tela a la nariz para olerla y solo mantengo mi vista fija en él.
ESTÁS LEYENDO
Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
