13 de abril
Regresé un par de veces más a mi departamento en la semana.
Que si para ir por más ropa, para mostrárselo a Adrien, para descansar del ruido, para llorar sola un rato. Ya saben, cosas así.
Mis días se han vuelto rutinarios.
Ir a clases (de vez en cuando, porque me las he saltado casi todas), ir a los ensayos para Romeo y Julieta, por cierto, ya me sé el libreto al derecho y al revés y, honestamente, eso me enorgullece, porque ya sólo faltan tres días para llevar a cabo la obra y me encanta.
Ya quiero que todo acabe.
Mis días también se resumen en ir al hospital, volver a casa, ver a Ashton... Ver a Adrien y que cuando llegue, Ashton se marche. Es un ciclo sin fin y yo no sé qué demonios le pasa a Ash.
Debo averiguar qué le sucede y pronto.
Y Paola regresó a su ciudad la semana pasada, pero vendrá para el día de la obra.
Aún no me he sensibilizado a las terapias, lo único bueno que he sacado del hospital y digo lo único, porque no quiero hablar de mi recuperación inexistente, es que Christopher y yo nos hemos vuelto más unidos. Por lo menos, ahora saluda primero y sonríe al irse.
Pero poco a poco.
Haré que ese niño socialice más conmigo. Y por supuesto, me sigo preguntando por su familia y el por qué sólo se ve con las enfermeras. Aún no me atrevo a preguntar.
Cuando llego a casa del hospital o cualquier otro lugar que visite, siempre es un eterno:
—Andy ve a bañarte y ven a comer.
La comida que me prepara mamá es dietética, creo que eso es lo que me está poniendo a rebajar y no la quimio, precisamente. Nunca había cuidado tanto mi salud, como cuando esta dejó de servir.
Mamá tuvo la charla de los alimentos con el doctor Callahan y ahora sólo le falta que quiera darme de comer en la boca.
Sí, se había tardado.
Adrien me visita todos los días después del trabajo con su madre. Ella volvió a abrir su restaurante de comida coreana, el que tenían desde antes de irse y le está yendo bastante bien.
Vaya que se organizó bastante rápido.
Cuando Adrien me visita suelo acosarlo con muchas preguntas y él a veces me cubre la boca para que me calle. Pero en broma, al final siempre se ríe y responde. Sí, se siente bien tenerle de vuelta.
Y Ashton, bueno, él sigue comportándose de forma extraña cuando Adrien está conmigo.
¿Serán celos? Nah y ¿Ashton? Menos.
Adrien ya sabe de la obra y eso es tema de conversación abundante. Yo no se lo dije, pero si mis tías no guardan dinero, mucho menos secretos.
Aunque eso no fuera un secreto del todo. Lo que sí es un secreto, son mis visitas constantes al hospital. Eso sí me encargué de avisar, que no podía salir nada de la boca de ninguno.
Sí, se lo diré, pero no ahora.
Mi amigo ya me ha contado casi todo lo que hizo estando en Corea (porque, repito, lo acoso con preguntas) y siempre tenemos de qué hablar.
—Si tengo algo más que contarte, lo haré. No solía haber secretos entre nosotros —añade, mirando el techo.
Sus palabras me hacen sentir culpable.
Porque yo sigo sin decirle sobre mi enfermedad y no tengo planes de hacer eso en un futuro cercano, quizá después de la obra... y unos cuantos meses más allá. No es una noticia que das tan fácilmente.
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Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
