24 de febrero.
Punto de vista de Ashton.
Su puta madre, sólo a mí se me ocurre meterme en tantos problemas, sin haber terminado de salir de los que ya tengo.
¿Y todo por qué? Porque soy un puto idiota hasta los huevos.
Me rasco la nuca y ruego a Dios por un poco de ayuda.
Sí, claro. Pídele a Dios ayuda cuando anoche te emborrachaste como si no hubiera un mañana. Ni por lástima te va a dar ayudar.
—Bueno. Es todo para la obra. Muchas gracias por tu ayuda, Ashton —sonrío forzadamente a la mujer delante de mí y mi yo mental se da golpes de cabeza contra la pared.
Es increíble.
Yo soy increíble. Y no en el sentido en el que lo diría si estuviera siendo egocéntrico. Sino uno que ve una superficie de metal congelada y le pone la lengua.
Es la universidad, no la jodida secundaria.
Para empezar, ¿cómo mierdas planean llevar a cabo una jodida obra de Romeo y Julieta si ni siquiera tienen a los protagonistas? ¿Eh? Segundo, ¿para qué me metí en todo este lío?
—No es nada, señora Zafiro —digo, ignorando el tic nervioso en mi ojo derecho.
Segundo, acepté hacer toda esta cosa de ayudar con la puesta en escena de la obra, también algunos de los vestuarios y una maqueta para el acto final, REPITO: No tenemos aún a nadie que intérprete a los protagonistas, para ayudar a alguien que me traicionó.
¡A mi ex! Sí, la misma que me engañó con mi primo. Pero en mi defensa, acepté todo esto mucho antes de saber que se cogía a dicho primo.
¿Y por qué? Ni Zeus podría responder esa pregunta y ¿por qué sigo siendo tan idiota? Créanme, yo también quisiera saberlo. El punto es que me comprometí con ella mucho antes de todo lo que pasó y como ya la señora zafiro lo sabía... como sea, la historia se cuenta sola.
Katiena era la principal encargada de los preparativos de la obra, eso hace dos semanas. Pero luego le dio por mejor querer ser coordinadora del grupo de música... ¡Y ahora yo estoy atrapado aquí!
Y yo sugerí hacer una obra tipo Guerra Mundial Z o The Walking Dead... ¡Pero no! ¡No! Todas votaron por Romeo y Julieta.
Estoy perdido, ¡Perdido!
La profesora Zafiro finalmente nos deja salir, pero a mí me pide regresar más tarde para ayudarla con los jarrones que se están haciendo para adornar el final del acto y resisto el impulso de rodar los ojos.
Digo que sí con la cabeza baja y me voy directo a la biblioteca. Ya casi es hora del almuerzo y comeré ahí, no tengo ganas de ir a la cafetería.
De lo que sí tengo ganas, es de desaparecer.
...
Es lunes y las clases terminaron hace horas. Sólo están aquí los que no vinieron entre semana y necesitan cubrir todo su horario o porque tienen algún trabajo pendiente que entregar
Y los idiotas ayudantes, para una puta obra de amor.
En la biblioteca busco el lugar más alejado y solitario y me dejo caer sobre una silla, agotado.
Busco en mi agenda telefónica el número de Shane y le marco.
—Soy un idiota —es lo primero que digo y me llevo la mano a la cara.
—¿Y hasta ahora lo notas, cariño? —Responde mi mejor amigo, condescendiente—. Te conozco como si te hubiera parido. Claro que sé que eres un idiota.
Gruño y dejo caer mi cabeza contra la mesa.
—Te lo dije. Te dije que no te metieras como ayudante en esa cosa. Te dije que Katiena era una perra, te dije que...
—Sí, sí, sí, ya entendí, ya entendí —me quejo.
—Pues menos mal. Ahora, recoge tus huevos y manda a la mierda a esa arpía de piernas largas.
—Es difícil —me rasco la frente con el pulgar y casi quiero darme una cachetada por sonar así—. Siento que mi compromiso ya ni siquiera es con ella.
—¿Ahora vas a seguir solo por cumplir, aunque no quieres, porque "es tu deber"? Donde te vino a dejar metido esa mujer.
—Sus amigas difundieron el cuento de que volvimos. Básicamente quedé como un perro faldero, pero, realmente, no me importa ir por la vida aclarando rumores. —Todos en la universidad escucharon eso, estoy seguro, pero me resbala.
—Si tan sólo tuviera mi licencia, atropellaría a más de una.
—Eso te dejaría sin licencia.
—Y nos dejaría paz mental. Ahora, Ashton, repite conmigo: Debo dejar de comportarme como una puta tonta y ser un macho.
—No repetiré eso —digo rodando los ojos.
—Entonces disfruta tu vagina.
—Jódete.
Lo escucho reírse en voz alta. Se está burlando de mí y lo está disfrutando.
—De verdad, ¿cómo es que...?
Pero dejo de escucharlo cuando ese cabello rojo sangre aparece en mi campo de visión. Mi vecina de piso pasa frente a mí con su nariz metida en un libro de John Green. No me mira, de hecho, dudo que siquiera se haya dado cuenta de que existo.
O que la observo. No la había visto desde que nos encontramos en el pasillo y Paola estaba con ella.
Lleva un vestido azul hasta las rodillas y el cabello en una coleta desordenada.
Se acomoda sus enormes lentes y se sienta unas mesas más delante de mí, dándome la espalda. Me quedo mirándola fijamente, como un acosador.
Hace unas noches no respondió mis mensajes. Salvo uno para decirme que me había equivocado de número. Creí que deduciría que era yo, pero al parecer no lo hizo.
—¡¿Aaassshhtooon?! —Shane me grita en la oreja y retiro el celular de golpe—. ¿Estás en la luna o qué?
—Shane, te llamo luego ¿sí?
Y cuelgo ignorando sus regaños. Quiero acercarme a ella y saludar. El recuerdo de cuando se desmayó en mis brazos regresa a mí y las ganas de correr y preguntarle cómo está me invaden, a pesar de que nos hemos visto en algunas ocasiones, no he preguntado lo suficiente, además de que suele cambiarme el tema.
Lo evita. Me evita.
Mi teléfono vibra, pero lo ignoro. Seguro son mensajes de odio de mi mejor amigo.
Cuando saco a Travis a pasear, a veces antes de irnos o al volver a casa, se queda frente a su puerta, seguro esperando a que ella en algún momento abra. Lo digo, ese perro la quiere diez mil veces más que a mí, que soy quien le limpia los desastres en la alfombra.
A ella la trata como a una reina y a mí cómo el esclavo.
Mi celular vibra por última vez y me digno a leer sólo un mensaje.
"-Como me hayas colgado, para ir a hablar con esa... Bicha, te la vas a ver conmigo-."
Ruedo los ojos y dejo el teléfono a un lado.
Me levanto dispuesto a ir a hablar con ella, pero alguien me toma del brazo y me hace retroceder.
—Meredith —frunzo el ceño al ver a la chica a mi lado.
—La profesora Zafiro quiere verte —dice con voz tímida y la veo sonrojarse.
Sí, nenas, soy un adonis.
—Claro —sonrío y un volcán explota en su cuello. Casi quiero reír.
Pero ella no es tan adorable como la chica sentada a cuatro mesas de mí, leyendo un libro realmente malo y subiendo ocasionalmente sus lentes por el puente de su nariz.
Meredith me da un leve asentimiento, me indica donde ir y huye de mí.
Le doy un último vistazo a Andy y suspiro cansado, antes de recoger mis cosas y salir de la biblioteca.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
