6 de abril
Si me dieran un dólar, por cada vez que he hecho el ridículo, ya sería millonaria.
Me paso la mano por la cara.
—Señorita Coldwater, está tensa. Debe relajarse. Aún queda semana y media, pero no es suficiente tiempo y debemos aprender todo.
Respiro hondo tres veces. Me duele la cabeza y siento que todo me da vuelvas.
Estoy deprimida y tengo muchas ganas de llorar, ¿por qué razón? Créanme, no lo sé.
Mañana tengo sesión de quimio y no he estado sintiéndome bien estos días. Estoy decaída, depresiva y lo único que hago es dormir.
El doctor dijo que son cosas que podrían pasarme, debido a la medicación y el cáncer mismo. Estoy cayendo, mis baterías se agotan y ya debo cambiarlas. Pero hace días que no soy optimista.
—Lo lamento mucho, señora Chandal.
Ella me mira escéptica unos segundos, hasta que finalmente suspira.
—Detendremos el ensayo por hoy. Volveremos mañana a las 9:00.
—No podré llegar sino hasta las diez. —Digo rápidamente. Ella voltea a mirarme y sus ojos se sienten como si quemaran.
—Señorita Coldwater, debe saber que esto es un compromiso, no puede llegar a la hora que quiera.
—Lo siento mucho, pero no podré hasta esa hora.
La señora Chandal es del tipo de persona que es amable y servicial, pero odia con toda el alma que se refute su palabra.
Soy igual. Así que vamos a chocar.
—Puede sustituirme en la obra, pero no podré a la hora que pide.
—No me gustan las personas irresponsables, señorita Coldwater. Necesita ser más disciplinada.
Todos nos observan. Ella no luce feliz y a mí la cabeza me está dando vueltas.
Cada uno de los chicos está esperando por algo, se preguntan qué pasará entre la señora Chandal y yo, pero esto no es más que un desacuerdo sin diálogo y no tengo la cabeza para ello.
—Mañana, 10:30 de la mañana. Quien no llegue a esa hora será, gratamente, sustituido. —Y abandona el aula, tan recta como una vara.
Me encojo de hombros tranquila. Yo no quería hacer esta obra, para empezar.
Ashton toma mi mano y tira de ella para guiarme afuera.
—¿Necesitas algo? —Pregunta, camino a la salida.
—Sólo me duela la cabeza y tengo un poco de sueño.
Y cabe la posibilidad de que me esté durmiendo de pie. El cansancio está haciéndose conmigo.
Es la medicina.
—Vayamos a casa, quiero dormir. —Pido aletargada.
Él sonríe y nos guía a su auto. No hay charlas durante el camino ni música movida como veces anteriores. Sólo hay silencio y ganas incontrolables de querer estar en casa y dormir.
Cuando aparcamos en casa de mis padres, mamá nos recibe.
Travis también lo hace, decidimos turnarnos el cuidado del pequeño, mi familia lo adora, así que pasa bastante tiempo en casa. Él ladra enloquecido y hace que mi cabeza palpite aún más, pero igual lo acaricio. Lame mi mano un segundo y vuelve a ladrar en mi dirección insistentemente. Parece que no es caricias lo que busca, pero no tengo tiempo ahora para averiguarlo.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
