—¿Qué haces aquí? —Pregunta él, no parece molesto de que su madre esté aquí, pero, desde luego, tampoco luce feliz.
—Bueno, hace años que no venía a esta casa y quise echar un vistazo —su voz es dulce, la voz de una madre que no se atreve a alzarle la voz a sus hijos. Que no se atreve a alzar la voz ni siquiera para protegerse.
Nos encontramos en la sala de estar, sentados frente a ella, Ash sostiene mi mano y no me pasa desapercibida la forma en la que ella nos observa. Sé que quiere preguntar y creo que ambos notamos que no está aquí para "echar un vistazo".
—¿Quién te dijo que estaba aquí?
—Nadie —responde y sonríe. Miente.
—No deberías estar aquí. Pero... —Mi chico mira hacia la ventana, hay tiempo de lluvia —. No puedes regresar ahora —suspira—. Igual nosotros nos vamos mañana. Quédate y echa un vistazo el tiempo que quieras —el sarcasmo en su voz no me cae bien.
Sé lo que me contó, también sé cómo se dañó la relación con sus padres, pero ella es su madre, sin importar qué haya pasado y ella no parece estar aquí con alguna otra intención que no sea hablar con él. O simplemente verlo.
Ashton se pone de pie y lo tomo del brazo, obligándolo a sentarse. Él me mira confundido, probablemente pensando que necesito algo.
—Soy Andy —hablo por primera vez desde que ella cruzó el umbral—. La novia de Ashton.
Ella sonríe y sus ojos verdes también lo hacen. Le alivia que hable y que Ashton siga con nosotros. Ignoro la mirada molesta que él me dirige y continúo.
—Lamento que haya venido hasta aquí con este clima, aunque, bueno, es su casa.
—Es un placer, linda. Eres preciosa. Mi hijo me habló de ti...
—No es cierto —refunfuña Ash.
—Mi hijo menor —continúa. Ambas lo ignoramos—. Dijo que eras de esas pelirrojas exóticas.
—Alto —de pronto la comprensión llega a Ashton—. Matty te dijo que estaba aquí —confirma al unir los cabos—. Ese mocoso.
—Si te sirve de consuelo, no fue sencillo.
—¿Con qué lo sobornaste? —Rueda los ojos.
—Con los libros esos con dibujitos que lee.
—¡Ya volví! —Canta Amanda anunciándose—. Aquí tiene, mi señora —le da un vaso con limonada a ella y los otros dos los deja sobre la mesita que nos separa.
No quiero tomar nada ahora. De hecho, creo que si lo hago vomitaré, aunque quizá lo haga de todos modos, solo espero que no sea cuando mi suegra esté delante de mí.
—Bueno y ¿cómo van tus estudios? —Ashton no le responde. La observo removerse incómoda en su lugar—. ¿Y tú linda?
—Quiero ser escritora —O quería, la verdad, no recuerdo cuando fue la última vez que fui a la universidad. Mis sueños y metas se sienten en pausa.
—Eso es fantástico —asiento y me muevo en mi lugar, respiro hondo. Allí están mis náuseas una vez más y mi cabeza casi está dando vueltas.
—Bueno, hijo... —Me pongo de pie y me acerco a la ventana, la abro un poco.
Calma, calma. No presto atención a nada de lo que dicen, pero Ash está respondiendo a algo que ella preguntó. Es un algo. Por lo menos está hablándole.
Observo la piscina a través de la ventana y miro mi ropa, que aun flota en ella. Lo volví a olvidar. Y le dije a Amanda que lo haría yo misma. Rayos.
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Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
