22 de mayo
—¿Un trasplante?
Me cuesta mantenerme despierta. Mi cabeza duele y he vomitado dos veces desde que abrí los ojos.
—En efecto. Un trasplante de células madre —explica el doctor Callahan. Son las cinco de la madrugada y a duras penas puedo recordar como llegué al hospital.
—¿Eso sanará...? —Siento el nudo en mi garganta a punto de ahogarme—. ¿Mi cáncer? ¿Para eso sirven?
—Las células madre restauran las células que producen la sangre. Las cuales han sido destruidas por algún tratamiento —me observa detenidamente, el doctor Callahan no busca darme una solución, ahora mismo, soy consciente de que se nos agotan los recursos. Él sólo quiere darme un poco más de tiempo—. Yo no emplearía el termino sanar, sino más bien extender, vamos cuesta abajo, Andy.
No voy a sanar o al menos en mi interior, no tengo esperanzas de hacerlo.
—Debo dejar claro, Andy, que el trasplante tiene el mismo riesgo que la quimioterapia y es que este podría dar resultados, del mismo modo que podría no hacerlo. Usted debe decidir si desea someterse a ello.
—¿Y volver a perder esperanza?
—Eso no puedo garantizarlo.
—¿Qué es lo que hay que hacer?
—Principalmente, conseguir un donante que sea compatible. Entre los miembros de su familia hay alta posibilidad de que de consiga un individuo que sea compatible con usted. Este es uno de los últimos recursos, Andany —se retira los anteojos—. Del mismo modo, el rechazo es uno de los mayores problemas con los trasplantes.
—¿Si mi cuerpo lo rechaza que sucede?
—Si su cuerpo acepta el trasplante —ignora deliberadamente mi pregunta llena de pesar—. Puede sobrevivir cinco años, con control y estudios. Eso nos daría más tiempo.
—Esa es mi sentencia —sonrío, pero sin esperar nada ante mis posibilidades—. Está bien, buscaremos el donante.
Estoy cansada, viviré el tiempo que se pueda.
. . .
—Mi niñita —mamá me acuna en sus brazos y llora silenciosa, papá sostiene mi mano—. Estábamos tan preocupados.
—Nos alegra que estés bien —añade papá y sonrío con desgana.
—No estoy bien, papá —digo y su expresión cambia totalmente. Y odio hacerle eso. Romper su paz, pero yo no puedo mentirles. Esa sería la cosa más cruel que podría llegar a hacerles como hija otra vez—. Estoy lejos de estarlo.
—No digas eso, amor —pide mamá—. Estarás bien.
—Me realizaran un trasplante de células madre. Debemos encontrar a alguien que sea compatible conmigo —bajo la cabeza y limpio una lágrima—. Esa es la única opción que puede darme el doctor por ahora. Ya no queda mucho para hacer.
Mamá se lleva una mano a los labios y llora. Y mi corazón se rompe.
—Cómo lo siento, mamá —he perdido la cuenta de cuantas veces me he disculpado con ellos desde que empezó el año.
—¿Cuándo comienzan a buscar el donante? Toda la familia está disponible —pregunta papá
—Desde ya, papá. Si lo encontramos, debo esperar dos semanas antes de comenzar, administraran más quimio para hacer espacio entre mis células y así recibir a las nuevas.
—Está bien —oh, papá, por favor no lloras, aunque tengas el corazón roto. Gracias por ser fuerte para nosotras—. Encontraremos un donante.
—También me internaran en el hospital —informo—. Al dar con el donante compatible, tendré que quedarme aquí.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
