Capítulo 17

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El momento finalmente ha llegado.

Debo enfrentar a mis padres, reanudar el ciclo y desear con todas mis fuerzas que cada día que pase, no sea el último.

La tarde se siente helada y mi pequeño estado de valentía ha desaparecido.

Le pedí a Paola ir por cereal al supermercado antes de ir a casa de mis padres, pero ella solo negó con una sonrisa triste. Hice todo lo que pude, hasta que ella tomó mi mano y dijo:

—Sé lo que estás haciendo.

Mis ojos se llenaron de lágrimas. Ya no puedo seguir viniendo a casa y mirar a mi familia cómo si nada. Es ahora o nunca.

Mis padres finalmente sabrán que ya no hay más Andy sana y fuerte. Sé cuánto les va a doler, pero ya no sé qué esperar. Mis papás son tan inesperados cómo la lluvia.

¡No sé para qué cosa debo prepararme mentalmente!

—¿Lista? —Paola toma mi mano y luego de un fuerte apretón, para infundirme valor, presiona el timbre.

Esperamos pacientemente hasta que una sonriente Michel abre la puerta.

La verdad, albergaba la diminuta esperanza de que en casa no hubiera nadie, pero estamos en víspera del cumpleaños (cinco meses antes) de mi hermanita y es cuando más gente hay.

—Hola, niñas hermosas —Mich nos abraza al mismo tiempo y nos pide entrar como si fuéramos dos desconocidas, que vienen por primera vez.

—Mich, ¿mis padres...?

—¡Andy! —El mini grito de emoción de mamá y posteriormente sus brazos alrededor de mi delgado y drogado cuerpo, me dejan sin aliento. Ella luce tan radiante y contenta. Y yo vine a arruinar eso.

—Hola, mamá —respondo y me aparto para mirarla.

—Mi niña hermosa —acaricia mi cabello—. Hola, Paola, ¿cómo estás? Will quiere que...

Pero mi amiga se aclara la garganta tan ruidosamente que mamá detiene de golpe sus palabras. Las miro extrañada. Observo a Paola con una ceja enarcada y ella desvía la mirada.

Con que hay algo que no sé, ¿eh?

—Eh, nosotras le preparamos una sorpresa a Melanie —empieza mi amiga apresuradamente, pero yo no me trago el cuento y mamá está demasiado callada. Sin duda, hay algo que no sé.

Abro la boca para comenzar con el interrogatorio, pero mis tías irrumpen en la sala y comienzan un desfile de abrazos, besos y acertados comentarios sobre mi aspecto cansado. Sí, no es como que no lo sepa.

—Hoy nos vamos a probar vestidos. Escogeremos cuál usar para el cumple de Mela —tía Lisa, la esposa de tío Garlo, de quien me he estado ocultando las últimas dos semanas, da un saltito y palmea emocionada, parece niña pequeña, pero sé mejor que nadie cuánto disfruta la moda. Me encantaría poder decir lo mismo de mí.

—Sí —su hija Mary me rodea los hombros y suspira—. Te dejaremos como una princesa.

—Soy una princesa —digo indignada.

—La princesa Fiona —bromea Paola y todos estallan en risas.

—Hasta tiene el mismo cabello —escucho a alguien decir a lo lejos.

—¡Oye! —Riño, pero igual me río.

—Pero como que tendremos que coser el vestido y agarrarle de la cintura —empieza la abuela, apareciendo a mi costado, inspeccionando mi silueta, haciéndome levantar los brazos—. Le podemos...

—No, no, no —exclama Sara, horrorizada—. Debe caer suelto y en sus caderas, sólo lo ajustaremos al busto.

—¿Puedo opinar? —pregunto, pero soy ignorada.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora