17 de mayo (en la madrugada)
Mientras tanto en el bar...
—¡Usted es un mal hombre, sin nombre, señor! Es un cruel egoísta, masoquista, es un traidor. Usted se siente ufano —sabrá Dios qué significa eso y por qué me sé esta canción, pero no decepciono a mis fans—. Destrozando una ilusión ¡ES ESE VIL PAYASO QUE ROMPIÓ EN PEDAZOS MI CORAZÓN! —Canto a todo pulmón.
Ya ni siquiera tengo control de lo que pienso o hago. No tengo idea de qué hora es o cómo terminé cantando encima de una mesa y canciones que nunca en mi vida he escuchado.
Lo único que sé es que un montón de personas me hacen coro mientras yo canto desde hace, por lo menos, dos horas. No sé por qué decidí unirme al Karaoke, pero si soy consciente de que hay celulares grabando y que yo me siento famosa. Ya he cantado tres veces la misma canción.
Ah y tampoco llevo la cuenta de cuantas canciones he cantado ya, pero sé que han sido varias. Cuando la canción acaba, pido que vuelvan a colocarla.
—¡Cantemos otra vez! —Hipo—. Usted es un mal hom...
—¡Esa ya la cantaste! —Grita alguien en el público.
—Eso no importa, entre más mejor.
Estoy borracha, eso quizá pueda notarlo, pero no detenerlo, dejé de contar los tragos después del noveno.
La canción termina y todos aplauden. Aunque algunos se quejan cuando sugiero cantarla otra vez.
—¡¡Otrraaaaa!! —Concedo a mis fans y mi público grita con aprobación. La nueva canción empieza y no sé cómo rayos puedo cantarla sin siquiera mirar la pantalla—. ¡Por el amor a mi madre, voy a dejar la parranda...!
No sabía que mi repertorio de rancheras era tan amplio. Canto con pasión mientras miro a un chico, parado frente al escenario, que me observa con sus brazos cruzados. Es rubio y hermoso y sonríe con diversión. Cuando la canción termina, alguien más se apodera del micrófono.
Camino tambaleante hasta donde se encuentra el muchacho y me dejo caer de rodillas frente a él, aún encima del escenario improvisado. Estiro la mano para tocar su rostro y él se inclina hacia mi tacto.
Sus ojos no se despegan ni un segundo de los míos y contengo la respiración. Tomo asiento en el borde y quedamos a la misma altura, él de pie y yo sentada.
—Hola, guapo. —Digo torpemente.
—Hola, preciosa, ¿pasándola bien? —Pregunta y se acerca más. Abro mis piernas instintivamente y el chico rubio se acomoda en medio de ellas.
No me reconozco. YO coqueteando con chicos en un bar y borracha.
—¿Cómo te llamas? —Pregunto picada por la curiosidad.
Sonríe abiertamente y en ese momento cupido me dispara su mejor flecha. Veo chispas al verlo sonreír.
—Ashton ¿y tu nombre cuál es?
—Cualquier nombre que escojas para mí estará bien, en tanto sea seguido de tu apellido —digo con una sonrisa bobalicona.
—¿Ah sí? —Asiento y él finge pensar—. Pues ¿qué tal Andy? ¿Te gusta?
Digo que sí con la cabeza, enérgicamente y él ríe. Tiene una risa bonita. Podría escucharlo para siempre. Sus ojos también son encantadores.
—Tienes una risa bonita, Ashton —me acerco y, atrevida, beso su mejilla—. Y el color de tus pupilas —acaricio sus párpados y el contorno de su rostro—. Tus labios —lo observo detenidamente—. Tu novia es una suertuda —hago un puchero.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
