Tiene que ser un chiste.
—¡Hola, Andy! —Andrew se acerca a mí dando saltitos, para envolverme en sus brazos. Lo recibo con el ceño fruncido, totalmente confundida. Y no porque el mejor amigo de mi hermano no me haya abrazado antes, sino porque está llevando unos pequeños shorts de deporte y música electrónica llena la sala de su casa.
Retrocedo, reparando en mi hermano, que lleva los mismos shorts de deporte, pero los suyos en color rosa y luego me percato de que Bryan y Lucas llevan la misma vestimenta. Lucas me sonríe y Bryan sólo agita su mano para saludar. Tengo que huir de aquí.
Y cuando creo que puedo escapar, mi espalda choca contra el pecho duro de Ashton.
—¿Qué hacemos en casa de Andrew? —Es lo único que pregunto. Dios, que no sea lo que yo estoy pensando.
—Pues hoy, preciosa, vamos a tachar otro punto de tu lista —explica, poniendo sus manos en mis caderas, ya sea para estabilizarme o para impedir que escape, sin inmutarse por la rara vestimenta de los chicos.
Insisto, tiene que ser un chiste.
—Perdón por llegar tarde —mi vista viaja a la puerta principal, lugar por donde está entrando Carla, ¿qué hace aquí? ¿Acaso no la quieren en su casa? —. ¡Ashton! Qué bueno verte. —Su mirada se ilumina cuando repara en el rubio detrás de mí.
Pero rápidamente repara en sus manos y en el lugar exacto de mi cuerpo donde están situadas y la sonrisa efusiva se desvanece.
Eso, querida, llegas tarde.
Alto, ¿qué rayos estoy pensando? Esto no es una competencia. Pero si lo fuera, ella llegó tarde.
—Bueno, —me recompongo, alejándome a regaña dientes de Ash, pero no lo suficiente—. ¿Qué punto vamos a tachar?
De pronto Carla da un saltito y vuelve a sonreír.
—Traje la música que pidieron, ¿seguros que es apropiada?
—Pero claro que lo es —replica Andrew, poniendo sus manos en los hombros de Carla, pero ella se sacude y lo aparta—. En fin. Andy, querida, hoy vas a aprender el hermoso arte del perreo.
¿Qué demo...?
—Es todo —bufo—. Me largo.
Pero Ashton vuelve a detenerme de las caderas. Y odio la emoción en mi cuerpo al tener sus manos sobre mí.
—Vamos, hermanita, tú lo pusiste en tu lista —dice Will y se lleva una mano al bolsillo de sus pantalones súper cortos y saca una hoja, que desdobla lentamente.
—Dime, por favor, que no tienen una copia de mi lista cada uno —Ashton me sonríe culpable. Dejo salir un suspiro y finalmente me resigno.
—... Aprender a hacer twerk. —Termina de leer Will.
—Y supongo que Carla va a enseñarme —deduzco, mirándola buscar en la computadora las canciones.
—Ah, no, no, Andy yo también estoy aquí para aprender —dice ella, tímidamente.
—Entonces....
—Ay, querida —Andrew se carcajea, con demasiada modestia diría yo, casi burlándose de mí y de mi ingenuidad—. Carla, pon la canción.
Ella obedece y una canción que he escuchado, pero que no sé quién canta, empieza a sonar por los pequeñas, pero ruidosos, parlantes de la computadora.
Voy a preguntar qué sucede, cuando los cuatro hombres de pantalones cortos se posicionan en medio de una pista improvisada, flexionan sus rodillas y empiezan a mover sus traseros.
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Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
