Me duele la cabeza y eso me obliga a despertar. Me remuevo en la cama y estiro mi brazo, palpando, buscando a mi lado... Está vacío. Abro los ojos y frunzo el ceño. Ashton no está.
Anoche nos dormimos algo tarde. Sí, juntos, pero sólo eso, dormir. Hablamos de cuanta estupidez se nos ocurrió, hasta que finalmente nos dejamos arrastrar por el sueño. Tenía la esperanza de poder despertar y contemplarlo dormir, pero mis planes se han frustrado. Pero no es algo para lo que tenga tiempo suficiente para lamentar, el dolor sigue latente y una sensación de náusea se ha apoderado de mí.
Me levanto con tanta rapidez que me mareo, pero ignoro la sensación. Necesito llegar desesperadamente al baño. Muy buenos días, maldito cáncer, sí, ya sé que estás ahí, no hay necesidad de hacerme levantar de ese modo.
Vacío el contenido, casi inexistente, de mi estómago en el inodoro y hago una mueca cuando la sangre comienza a bajar por mi nariz. Inclino mi cabeza hacia atrás y busco con qué limpiarme. Ya ni siquiera me alarma que pase esto, está dentro de mi cuadro de "normalidad". También que me sangren las encías y están los moretones en el cuerpo. El dolor en los huesos o el cansancio excesivo.
Me acaricio el estómago y me quedo sentada en el suelo tratando de recobrarme, cuando finalmente he logrado controlar la hemorragia, permanezco quieta y cansada.
Me siendo débil y algo temblorosa, además, correr de la cama al baño no fue el más sutil de los despertares. Bajo la palanca y me pongo de pie sujetándome del lavamanos.
Me miro al espejo y un cadáver me sonríe. Me veo terrible por la mañana. Tengo ojeras y he palidecido varios tonos. Anoche, para dormir, me coloqué una camisa abotonada de mangas largas que conseguí en el equipaje de Ash, si él puede revisar mi ropa yo también. Pero esta me viene enorme.
Al final, una vez estuvo sobre mi cuerpo, él sólo sonrió con dulzura al verme y luego llenó de besos mi rostro. Su ropa me va grande y la tela se resbala por mí hombro, dejándome una clara vista de los huesos de mi clavícula.
Lentamente voy deshaciendo los botones, de arriba hacia abajo, hasta que la sutil curvatura de mis pechos se asoma, cautelosa.
Descubro mis hombros y dejo la camisa caer al suelo sin despegar la vista de mi demacrado cuerpo en el espejo. Los huesos se me marcan y hay hematomas floreciendo en mis costillas, caderas y en mis brazos.
Las marcas que dejan las agujas, también adornan mi piel. Me contemplo desnuda frente al espejo, por segundos que se me hacen eternos.
No soy ni la sombra de lo que era al inicio del año... Pero al menos sigo con vida. Quizá no en las mejores condiciones, pero sigo respirando.
Eso es lo que trato de recordarme cada día. Que aún tengo una oportunidad, que mientras siga respirando, todo estará bien.
Un suspiro brota de mis labios y sin ganas de seguir contemplando mi pálido reflejo, entro a la ducha.
. . .
—Debería despertarla, se enfriará el desayuno —escucho la voz de Ash cuando me acerco a la cocina.
—Tiene razón, debe despertarla —le responde Amanda y yo me quedo detrás del umbral de la cocina para no interrumpir, ninguno se ha percatado de mi presencia.
—Son las nueve de la mañana —lo observo revisar su reloj—. Quiero que descanse, nos dormimos tarde anoche.
—Pero será sólo para comer —titubea Amanda.
—No puedo hacerla exceder —habla él, pero se reprocha a sí mismo—. Ya la dejé emborracharse —se despeina el cabello—. No debí hacer eso.
—No me imagino a la señorita Andy con su cara de ángel, borracha.
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Antes del Cielo
Non-FictionAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
