Punto de vista de Ashton
El edificio está caliente.
Saludo al bedel y tomo el ascensor pensando en el desastre de inicio de año que he tenido. Se me va a quemar una neurona de tanto pensar.
Planeo ir a casa, descansar y mañana pensar en lo que sea que dejé pendiente hoy. Es buena idea ¿no?
Mi pasillo está en penumbra y silencio, busco el interruptor y enciendo la luz. No sé por qué no se mantiene siempre encendido.
Como sea. Me saco las llaves del bolsillo y voy a mi puerta.
Planes para la noche:
-Relajarme y dormir.
Sí, es exactamente lo que haré. Pero no he terminado de meter las llaves en la ranura, cuando un fuerte ruido me hace parar en seco. Es como un cristal que se ha roto y le sigue un grito acongojado. Es desgarrador.
Retrocedo y dejo las llaves pegadas a la cerradura, Travis ha comenzado a ladrar, sintiendo mi llegada, pero me concentro en los lamentos y comienzo a buscarlos.
Pero el pasillo está sólo.... Así que sólo puede venir de un solo lugar. Es ella.
Pongo la oreja en la puerta de Andy y escucho con atención. Efectivamente de allí viene. Pero, ¿por qué llora?
Toco la puerta, pero no obtengo respuesta, al menos no una inmediatamente.
—Sea quién sea, váyase, por favor...
Es ella, es su voz y escucharla así de rota hace que una sensación extraña se apodere de mí.
—¿Andy? Soy yo, Ashton, ¿qué sucede?
Y una vez más el silencio, salvo por los diminutos sollozos, que son como gotas de agua en un cristal agrietado. Sigo tocando la puerta, insistiendo.
¿Qué sucede ahí dentro? Me está enloqueciendo.
—Nena, abre la puerta.
—Vete, Ashton. Vete. —Hay un extraño matiz en su voz. Entre la tristeza y la furia.
—No —digo de inmediato, aunque no muy seguro—. No me iré. Y será mejor que abras —replico con autoridad. Pero, ¿qué derecho tengo?
Nada sucede, la puerta sigue cerrada y aunque ya no puedo escucharla, estoy seguro de que aún llora. Y la curiosidad me mata ¿por qué?
—Escucha, Andy, abre la puerta. Déjate ayudar ¿sí? Lo que sea que te suceda, descuida, lo resolveremos ¿bien? Sólo abre.
Silencio. Luego un paso cansino y un golpe sordo.
—Vete, por favor. No puedes ayudarme.
Suena dolida... Resignada.
—Déjame ayudarte, justo cómo lo hiciste tú.
—No me debes nada. Ahora ya vete. —Gruñe.
—Abre —pido, pero vuelve a negarse. Joder, que mujer tan difícil—. Me quedaré aquí toda la noche vigilando tu puerta hasta que abras —amenazo—. ¡Y lo haré! —Sentencio.
—Mejor ve a buscar a tu novia.
—¿Disculpa? —¿De qué habla? Mierda, el rumor. No me jodas—. Por favor, Andy, abre la puerta, porque no me iré.
No sé por qué soy tan obstinado, puedo simplemente marcharme, pero no puedo, la sola idea de imaginarla llorar me hace sentir... Extraño. Es mi amiga y yo debo ayudarla si tiene un problema. Es lo que un buen amigo hace.
ESTÁS LEYENDO
Antes del Cielo
No FicciónAndy Coldwater vive un día a la vez. Una vida tranquila que no pierde enfoque ni en la peor de las perezas: Escribir libros hasta que las canas hayan engullido su brillante cabello rojo. Aspira a encontrar su lugar en el mundo editorial y dedicarse...
