Epílogo

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Narrador omnisciente

Andany Coldwater falleció seis años después de su primera remisión, luego de una recaída que terminó por quedarse con su piel.

En enero de ese año, mientras caminaba tranquila a su lugar de trabajo, una pequeña editorial de la que era dueña, situada en el centro de la ciudad, su nariz, como aviso triste, comenzó a sangrar.

Tocó el área y sonrió con tristeza.

—Hola de nuevo.

Andy y Ashton se casaron sólo dos años después de su compromiso y fueron la pareja más feliz y realizada que pudo existir entre millones de personas. Aun con sus altos y bajos.

Ashton aprendió a tocar el piano y retomó sus clases de canto y a los 26 años, sacó su primera canción. La cual, dedicó a su esposa. Andany Coldwater.

Él solía tocar melodías en el piano para Andy también, mientras ella leía sobre su sillón favorito. Y también le tarareaba nanas para dormir.

Y cuando murió, ella lo hizo en sus brazos, una mañana helada y tranquila, donde la ciudad no detuvo su barullo, ni las voces en los pasillos dejaron de susurrar. El mundo no se detuvo, pero el corazón de Andany Coldwater sí, un lunes por la mañana, a la edad de veintiocho años.

Pero no se sientan mal por ella, fue feliz hasta el último de sus respiros.

. . .

—¿Crees que ella esté feliz dónde está? —Preguntó Melanie, la hermana menor de Andy quién, a sus cortos veintiún años, tenía su propio departamento, en el mismo edificio del tío Garlo y a sólo unos meses de diferencia, estaba dispuesta a casarse.

—Seguramente lo está —respondió Ashton.

Ese día de encontraban en el cementerio, para conversar con Andany.

Observaban la lápida con tristeza y añoranza y justo como Andany había hecho en vida, limpiaban su lugar, cambiaban el agua de las flores y conversaban con ella. Del mismo modo, visitaban a Christopher y cambiaban sus flores también.

. . .

Mary se casó con un importante abogado años después y se puede decir que tuvo un buen final feliz. Tiene dos hijos y vive cómodamente en una ciudad cercana.

Williams se graduó de abogado y Paola de médico y aunque ya no conservaban una relación, sí tienen una linda amistad.

En cuanto a Marcelo, él finalmente se marchó al cielo de las mascotas un viernes por la noche, catorce años después de ser adoptado. Y, en efecto, Marcelo no era más que una rata callejera demasiado peluda, aunque con algo de vacío en algunos lugares, cosa que quizá explicaría su constante rabia, con la que estafaron a la abuela de Andy alguna vez.

Y aunque todos le temían y se alegraron de que finalmente hubiera partido a un lugar mejor, a regañadientes cada uno de los que habitaba en la casa, el día de su funeral, fue obligado a decir:

—Descansa en paz, Marcelo, te extrañaremos.

Cosa que era mentira.

. . .

A pesar de todo, luego de la recaída, Andy jamás despreció su existencia, no culpó al cáncer por hacerse con su vida de la manera tan cruel en la que lo hizo y siguió escribiendo libros y amando cada día más su trabajo en la editorial.

Se limitó a terminar de vivir lo que quedaba de su existencia con amor y tranquilidad. Siguió atendiendo con gran alegría el trabajo de sus sueños, recibiendo buenas reseñas y dando oportunidades a escritores de todas partes.

Y siguió sentándose en su sillón favorito, a escuchar a Ashton tocar el piano cada tarde.

Él aprendió a tocar algunas melodías de Beethoven y aunque no era muy bueno del todo, lo hacía con amor, porque ella solía disfrutarlo.

Pero Andy no era alguien sofisticado, ni sabía la menor cosa de música clásica, ella sólo adoraba la magia que su esposo podía hacer con sus dedos. Su Ashton, quien nunca dejó de estar a su lado.

Él cada noche le dejaba besos suaves y caricias, quería guardarla en su memoria todo el tiempo que fuera posible. Aun cuando ella solía colapsar y gritar, él intentaba comprenderlo. Nunca hubo un reproche.

El dolor puede enloquecer y él lo entendía.

Una tarde de lluvia, mientras ella dormía en su cama, con piel pálida y pómulos marcados, él decidió reposar sobre su pecho y escuchar el latir de su corazón.

El sonido era pausado y tranquilo.

Mientras lo escuchaba, se preguntó si las vibraciones se irían apagando a medida que este comenzara a detenerse.

Si ralentizaría su andar o sólo se detendría de un tirón. Ashton no se atrevió a seguir escuchando.

. . .

Cuando Andany Coldwater murió, Ashton Kuther sollozó como un niño pequeño en la habitación de su departamento. Lloró abrazado a la almohada que ella solía usar y lamentó con todo su corazón ese día

El día que la perdió.

Ashton sentía que algo dentro de él se rompía, como si desmembraran su cuerpo sin anestesia, no sólo perdió a su esposa, sino al amor de su vida. Su mejor amiga.

Aunque la protagonista de nuestra historia tuvo que abandonar este mundo, el resto de las vidas continuaron y ella vivió una vida cálida y feliz hasta su último suspiro.

Somos efímeros, estamos aquí un segundo y luego nos vamos. Vive cada día como si fuera el último. Da todo el amor que puedas y recíbelo de vuelta.

Descansa en paz, donde sea que estés, Andany. Y vive feliz en tu próxima vida.

....

Nota del autor

Exitosamente llegamos al final, gracias por leer y esperarme cada día. Te envío un fuerte abrazo.

Ya puedes agregar Skyler a tu biblioteca.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora