Capítulo 67

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Punto de vista de Ashton

22 de mayo, luego del desmayo de Andy en la cabaña.

Verla de pie, pálida y ojerosa, cerca de la ventana hincha mi pecho. Me llena de alegría verla despierta. Aunque no esté del todo bien, me hace feliz al menos saber que sigue con vida.

Andy...

Su nombre me quema la garganta y mi lengua se muere por pronunciarlo. Quiero correr y tocarla, pero temo romperla si lo hago demasiado rápido.

—Por favor —pido en una súplica, pretendiendo sonar tranquilo, queriendo fingir que no me duele su presencia. Que no siento que cada día que pasa, Andy se aleja más de mí—. La próxima vez, por lo menos haz una nota antes de irte de esa manera. Vas a matarme un día de estos.

Se mira tan pequeña y está a tan escasos pasos de mí, que mis manos pican con la sola idea de tocarla.

—Lamento arruinar el mejor fin de semana que prometiste —dice, su semblante es triste y sus ojos hinchados son claro signo de que estuvo llorando.

Me acerco con rapidez, la tomo de las mejillas y la beso. Quiero saber si realmente está de pie frente a mí, si puedo tenerla en mis brazos, sabré que es real. Oh, como duele una alegría a medias, pero sus labios son cálidos y me regresan el alma al cuerpo.

—Te extrañé —Sí, sí que lo hice—. Por favor, no vuelvas a irte de esa manera.

No te vayas nunca, amor mío, pretendo rogar, necesito que me mienta, diciéndome que nunca lo hará.

. . .

25 de mayo

Visitar mi antigua casa se siente extraño. Incluso el aire que respiro lo hace. No obstante, no puedo vivir la vida, huyendo para siempre. Aunque, es exactamente lo que hago con la enfermedad de Andy. Aunque la cuido demasiado, finjo que no es porque siento que se me está desvaneciendo en los brazos.

Hago sonar el timbre para anunciar la llegada de un extraño, la melodía resuena en el interior de la enorme mansión y una oleada de recuerdos me llena. Lamento que seamos el desastre que ahora somos.

Padre no está en casa, salió de viaje y no regresa hasta el viernes. Parece que es la única persona con la que aún no hablaré. Aunque aún no sé si quiero hacerlo.

—Joven Ashton —me recibe Tati, el ama de llaves, impresionada, una vez me ve de pie en el umbral. Fue un largo tiempo.

—¿Mamá está en casa? —Ella me sonríe con calidez y se hace a un lado para hacerme pasar. Asiento y doy un paso dentro.

El interior luce casi igual a la última vez que vine. Las paredes siguen siendo azul rey y blanco. Y el cenicero de papá sigue en el mismo lugar de siempre, junto a sus caramelos favoritos. Todo es igual, lo único que cambió es la familia.

—¡¿Ashton?! —Giro sobre mis talones con rapidez al reconocer la voz que grita mi nombre. Aunque no es suficiente mi rapidez, porque Matty prácticamente salta sobre mí, haciéndonos caer. Por suerte, aterrizamos en el mueble en forma de L de la sala.

Él sobre mí y yo sin aire.

—También me alegra verte —mascullo sin aliento—. No respiro —dramatizo, pero mi hermano menor sólo se limita a abrazarme.

—Mamá va a enloquecer cuando te vea —dice.

Veo que no sabe que mamá está al tanto de que vendría. Que iremos a comer y que él está invitado.

—Vamos —se levanta de un salto y empieza a subir las escaleras. Lo sigo.

—Tu habitación es un chiquero —hago una mueca cuando entramos.

Antes del CieloHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora