La luz de la luna se filtraba a través de las pesadas cortinas del palacio, iluminando la habitación con un resplandor plateado que parecía bailar sobre la piel de Daisy. El Príncipe Lowell, sentado al borde de la cama, observaba su rostro sereno, contemplando el extraño efecto que la embriaguez y el desmayo habían tenido en ella. La transformación era sutil, pero palpable.
Poco a poco, su cabello comenzó a adquirir matices de blanco y negro, un cambio que resonaba con la esencia de quien realmente era. Sus ojos, antes oscuros y misteriosos, brillaban ahora en un intenso rojo y negro, un símbolo de su verdadero poder y naturaleza. Lowell sintió una mezcla de sorpresa y curiosidad; nunca había visto a Daisy de esta manera. La vulnerabilidad que emanaba de ella lo inquietaba y lo fascinaba a partes iguales.
Príncipe Lowell, murmurando para sí mismo, en un tono que apenas era un susurro: ¿Qué es lo que realmente eres, Daisy?
Mientras observaba, la tentación se apoderó de él. La imagen de Daisy, vulnerable y hermosa, despertaba un deseo que Lowell no podía ignorar. Aunque sabía que aprovecharse de su estado era moralmente cuestionable, la línea entre el deseo y el deber se volvía cada vez más difusa. Su mano se alzó casi sin querer, ansiosa por tocar su cabello, por sentir la suavidad que había admirado tantas veces.
Pero en el instante en que su mano se acercaba, un estruendo resonó en la noche. Un relámpago negro cortó la oscuridad, iluminando la habitación en un destello intenso. El trueno retumbó con tal fuerza que Lowell se detuvo en seco, la energía oscura emanando de la tormenta parecía interponerse entre él y Daisy, como si la misma naturaleza estuviera defendiendo su esencia.
La fuerza de la tormenta lo empujó hacia atrás, como una advertencia. Fue un recordatorio de que no debía tocarla, de que había límites que no podía cruzar. La energía oscura se disipó tan rápido como apareció, dejándolo con el corazón acelerado y la mente en caos. El sonido fue tan fuerte que hizo que Daisy se despertara al instante, sus ojos brillando con un rojo intenso que resplandecía en la penumbra.
Daisy, todavía un poco aturdida pero consciente, se incorporó de inmediato. Observó al Príncipe Lowell, quien trataba de recomponerse tras el impacto del rayo.
Daisy con la mirada era fría, sus palabras cortantes: ¿Qué estabas haciendo, Lowell?
Príncipe Lowell, tratando de ocultar su desconcierto, forzó una sonrisa: Solo estaba... asegurándome de que estuvieras bien,
Él dijo, intentando que su tono pareciera despreocupado, aunque el nerviosismo en su mirada lo traicionaba. Daisy no apartaba sus ojos de él. Sabía que había algo más detrás de esa respuesta.
Daisy: ¿De verdad? Porque lo que parecía es que estabas a punto de hacer algo que no deberías.
El Príncipe Lowell entrecerró los ojos, sintiendo cómo la situación se le escapaba de las manos.
Príncipe Lowell, con tono desafiante: No te preocupes tanto, Daisy. Solo quería comprobar algo.
Pero en el fondo, él sabía que había cruzado una línea peligrosa.
Daisy, con una mirada afilada, replicó: Lowell, lo que sea que estuvieras planeando, te advierto que no soy alguien a quien puedas subestimar. Si sigues por ese camino, te enfrentarás a algo que no puedes controlar.
La tensión entre ambos se palpaba en el aire. Lowell, acostumbrado a tener el control, se encontraba desafiado de una manera que lo hacía sentirse impotente. Aun así, su naturaleza competitiva no le permitía ceder del todo.
Príncipe Lowell: Eres más fuerte de lo que aparentas, lo admito. Pero no olvides quién soy. La lucha entre nosotros no ha terminado.
Daisy se levantó de la cama, sus movimientos seguros y calculados. A pesar del ligero mareo que aún sentía, su voz sonaba firme y decidida.
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~Daisy~
AcakEra una chica común y corriente, hasta que unos recuerdos vienen hacia ella, y descrube quien es ella en realidad. Es mi primera historia que hago espero que les guste, lo siento por la mala ortografía o la narración. Ésto es la ante secuela de Las...
