Un día en la playa.

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Narra Daisy:

Desperté emocionada; hoy era un día especial para mí. Mi familia y yo habíamos planeado un viaje a la playa en Manzanillo, a pesar de que vivimos en Comala, donde no hay mar. Sabía que el trayecto sería largo, alrededor de dos horas y quince minutos, pero eso no apagaba mi entusiasmo. Sería un día lleno de risas, aventuras y, por supuesto, un delicioso festín de mariscos.

Me levanté rápidamente, me puse mi traje de baño bajo la ropa y bajé a la cocina, donde el aroma del desayuno llenaba el aire. Mientras comía, escuché a mis padres hablar con entusiasmo sobre el día que nos esperaba. Ver sus rostros iluminados de felicidad me llenaba de alegría. Este no era solo un día para relajarnos, sino también para crear recuerdos inolvidables.

Después del desayuno, subí a mi habitación para empacar todo lo necesario: una toalla, protector solar, un sombrero y mi libro favorito. Mientras seleccionaba mis cosas, pensé en mis amigos de la escuela y en cuánto los apreciaba. Aunque a veces me costaba abrirme, siempre estaban ahí para apoyarme. Me sentí agradecida por tenerlos en mi vida.

Cuando terminé, me reuní con mis padres, quienes ya estaban listos para partir. Subimos al auto y comenzamos nuestro viaje hacia Manzanillo. Durante el trayecto, disfruté de la música que sonaba en el auto y de la conversación ligera que llenaba el ambiente. Pasábamos por paisajes hermosos: campos verdes y montañas que parecían tocar el cielo. A pesar de las dos horas y quince minutos de viaje, el tiempo pasó rápido gracias a la emoción que sentíamos.

Finalmente, llegamos a la playa. El calor del sol, el olor salado del mar y el sonido de las olas me envolvieron al instante. Apenas bajé del auto, corrí hacia la orilla, sintiendo la arena cálida entre mis dedos de los pies y el viento fresco en mi rostro. Todo mi estrés y preocupaciones parecían desvanecerse con cada paso.

Pasamos el día disfrutando al máximo: nadamos en el mar, construimos castillos de arena y reímos hasta que nos dolió el estómago. Cuando llegó la hora del almuerzo, nos sentamos bajo una palapa y compartimos un delicioso festín de mariscos frescos. Cada bocado era un recordatorio de lo especial que era ese momento en familia.

A medida que el sol comenzaba a ocultarse, el cielo se pintaba de tonos cálidos y dorados, creando un paisaje digno de un cuadro. Mientras observaba el horizonte, sentí una paz inmensa. Sabía que este día sería uno de esos recuerdos que guardaríamos para siempre.

Cuando regresamos a casa, aún emocionada por nuestra aventura, me di cuenta de que había olvidado completamente que era el cumpleaños de Dulce. Ya no me importaba no haber sido invitada; el día había sido perfecto, y me sentía increíblemente agradecida por todas las experiencias que había vivido y las personas que me rodeaban.

Esa noche, mientras me recostaba en mi cama, reflexioné sobre lo que había aprendido. A veces, nos preocupamos demasiado por cosas que no podemos controlar, cuando lo más importante es valorar los momentos felices y a quienes amamos. Con esa idea en mente, me quedé dormida, con una sonrisa en el rostro y el corazón lleno de gratitud.

Capitulo 3

~Daisy~Donde viven las historias. Descúbrelo ahora