El regreso a la Ciudad de México fue tranquilo, en el coche los trillizos dormían profundamente en sus sillas con las mejillas sonrosadas y la respiración acompasada, ajenos por completo a la melancolía suave que invadía al resto, Isabel y Renaud partían esa misma noche rumbo a Francia y aunque todos intentaban mantener el ánimo alegre, se notaba en las miradas que el corazón se les apretaba por dentro.
El aeropuerto, como de costumbre, estaba lleno de luces blancas, pantallas parpadeantes y despedidas, el murmullo constante era interrumpido a ratos por anuncios de vuelos y llamadas de último minuto, ellos se movían lentamente, como si estirando cada paso pudieran retrasar lo inevitable.
Isabel, con su pasaporte en una mano y los ojos brillosos, fue la primera en romper el silencio, abrazó con fuerza a Mayte, rodeándola como si quisiera grabarse su calor en la piel, luego, abrazó a Garrett, que permaneció quieto pero no frío, y por último a Manuel, quien se inclinó un poco para poder sostenerla.
Cuida a mi hermana-Le dijo Isabel a Manuel en un susurro que no intentó disimular, con la voz entrecortada pero decidida.
Con mi vida-Respondió Manuel sin dudar, mirándola a los ojos con una seriedad serena.
Renaud siempre más distante, más medido, abrazó a Garrett con firmeza y luego se acercó a Mayte, hubo un segundo de vacilación antes de que extendiera los brazos, pero cuando lo hizo, fue con calidez auténtica.
Tienes una familia hermosa-Dijo Renaud con una sonrisa-No olvides que también tienen una casa en Francia, cuando quieran-Dijo mirándola y Mayte asintió.
Y una hermana escandalosa allá también-Dijo Isabel intentando bromear, mientras las lágrimas ya resbalaban libres por sus mejillas.
Garrett, que hasta entonces se había mantenido en silencio, pareció dudar un segundo antes de abrazar nuevamente a Isabel, esta vez fue más largo, más sentido, y aunque nadie más lo oyó, Mayte vio el momento exacto en que él se inclinó para decirle algo al oído.
Gracias por hacerme reír, incluso cuando no sabía cómo-Susurró Garrett al oído.
Isabel se separó de él con una sonrisa ladeada, aunque empañada por la tristeza, se limpió los ojos de forma disimulada, alzando el rostro mientras se giraba hacia la puerta de abordaje, no dijo nada más, no era necesario, el amor se había dicho ya en las miradas, en los silencios compartidos y en cada uno de los abrazos dados.
Ellos se quedaron unos segundos en silencio, viendo cómo las figuras de Isabel y Renaud desaparecían tras el cristal, luego, como si todos lo sintieran al mismo tiempo, Manuel tomó la mano de Mayte, Garrett cargó en brazos al más inquieto de los trillizos, y comenzaron a caminar hacia la salida
La noche en la ciudad era fresca, y aunque el adiós pesaba, también había una promesa de reencuentros, de videollamada con risas y anécdotas, de cartas y fotos, y del cariño que ni el océano podía disminuir.
Luego sí, regresaron, al caos que siempre los rodeaba, a la vida que por más ordenada que intentaran hacerla, siempre tenía un toque de caos, regresaron a su amor, ese amor que a veces turbulento, siempre había sido su ancla, el refugio donde se entendían sin necesidad de palabras, y a su familia, una familia que sin importar cómo se había formado o las formas en las que la vida los había empujado a reconstruirla, ahora era perfectamente suya, estaba hecha de pequeñas decisiones, de risas y llantos compartidos, de miradas cómplices y de esos silencios que solo las personas que se conocen tan profundamente pueden entender, en la complicidad de su vida diaria, en la habitación donde sus hijos dormían tranquilos, sabían que no había forma de que cualquier circunstancia les quitara lo que realmente importaba, todo lo demás era solo ruido.
ESTÁS LEYENDO
El trato
ФанфикшнManuel un hombre de negocios nieto de un importante empresario y Mayte una mujer de la ciudad hija de un prestigiado empresario, se ven obligados a casarse por un acuerdo entre sus familias sin siquiera conocerse, a pesar de las diferencias y la fri...
