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Después de estar un momento mirando a la nada decidieron ir al departamento de Gerardo, el ambiente estaba lleno de una quietud extraña mientras Manuel y Garrett caminaban hacia el edificio donde Gerardo había vivido sus últimos años, la noche ya había caído por completo, y la luz amarillenta de las farolas daba un tono fantasmal al lugar, Garrett caminaba unos pasos detrás de Manuel con la cabeza baja, inmerso en sus pensamientos, el viento jugaba con las hojas secas en el suelo, creando un sonido casi apacible, pero el peso de lo que había sucedido se hacía presente en el aire.

Al llegar, el guardia los recibió con una mirada seria, pero en cuanto vio a Garrett, su rostro se suavizó un poco.

Él es el joven Garrett De La Bárcena y tiene permiso de acceder al departamento cuando él así lo desee-Indicó Manuel al guardia, señalando a Garrett, que parecía un poco más tranquilo desde que había recibido la noticia sobre su padre.

El guardia solamente asintió y sonrió, luego los condujo a través del edificio hasta el elevador, ambos subieron al elevador y al llegar al pasillo que los llevaba hasta el departamento de Gerardo, los acompaño el silencio, la puerta estaba cerrada, Garret tenía la llave, abrió con un giro en la cerradura, y al entrar, el ambiente lo golpeó, seguía impecable, como si Gerardo fuera a aparecer en cualquier momento con una sonrisa despreocupada, como si no se lo hubiera tragado el destino de forma tan absurda y dolorosa, las luces tenues y la decoración de estilo minimalista daban la sensación de un lugar que había sido vivido, pero que ahora parecía ajeno a su propósito original.

Tu padre dejó algunas cosas aquí, hay una carta y...algo más que creo que necesitas-Dijo Manuel guiando a Garrett hacia el salón.

Garrett observó el lugar con una expresión de mezcla entre nostalgia y desconfianza, sabía que no volvería a ver este lugar como su padre lo había vivido, pero aún así el dolor lo invadía, Manuel le indicó que lo siguiera hasta una mesa donde Gerardo solía escribir y organizar papeles, al fondo, sobre un escritorio, había una caja de madera cerrada, dentro, estaba la carta, la dejó sobre la mesa con delicadeza, se acercó lentamente y la tomó entre sus manos, su respiración se detuvo por un momento antes de abrirla, la letra de su padre era reconocible, pero en ese momento cada palabra parecía pesar más que cualquier otra cosa, con manos temblorosas, desdobló el papel y leyó en voz baja.

Hijo mío, Garret, mi gran orgullo, lo más importante que tengo, mi niño, siempre ese pequeño sonriente que corre a mis brazos y se esconde esperando ser protegido del mundo, si estás leyendo esto es porque ya no estoy, me duele no haber podido cumplir con todas las promesas que te hice, pero sé que tienes la fuerza para seguir adelante, tu madre, a pesar de sus errores, te ama más que nada, y quiero que la cuides por ella, promételo, sé que aún no entiendes del todo, pero algún día lo harás, siempre fui un hombre complicado, y hoy más que nunca me arrepiento de no haberte dado todo lo que merecías, pero lo que más me duele es no haberte dicho todo esto antes, perdóname por todo lo que no te di, y sobre todo, por no haber estado allí cuando más me necesitabas, perdóname por haber tenido miedo, fui un cobarde pero de amarte fui valiente, que nadie te haga pensar lo contrario, yo te amo y te amare por siempre, por toda la eternidad, eres el amor más grande que tuve en la vida, en esta y mil vidas pediría ser tu padre, quizá en la otra vida no sea tan miedoso como en esta lo fui.

Te ama con el alma

Papá

Gerardo.

Las palabras caían pesadas sobre él, Garrett no pudo evitar que las lágrimas se asomaran, aunque trató de mantenerlas a raya, Manuel lo observó en silencio, sabiendo que esa carta era un cierre, pero también una puerta abierta para lo que estaba por venir.

El tratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora