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Manuel, no había dormido, el reloj marcaba las 4:18 de la mañana, y el cuarto estaba en silencio, salvo por la respiración pausada de Mayte, que dormía abrazada a él, agotada emocionalmente, su mano reposaba sobre su vientre, como si necesitara sentir a los bebés moverse para calmarse, Manuel la había observado por horas en la penumbra con los ojos abiertos, el cuerpo rígido y la mente en una guerra.

Lo habían intentado, habían querido llevársela, pensó en sus hijos y él no lo permitiría jamás, con cuidado se levantó de la cama y caminó hacia la ventana, la calle estaba en calma, pero para él, todo era una amenaza, todo, buscó su celular y marcó un número.

Julián...mañana en la mañana quiero un equipo más completo-Dijo Manuel con seriedad-Uno fuera de la casa, otro que los acompañe al médico, y uno en la empresa-Ordenó con seriedad- Nadie entra sin mi autorización, quiero cámaras, quiero cercas eléctricas, quiero que investiguen a todos, hasta a los que sirven el café ¿Quedó claro?-Ordenó con firmeza.

Sí, señor Mijares-Respondió Julián desde el otro lado de la linea-Lo que usted diga-Dijo con voz somnolienta.

Colgó, luego caminó hasta la cocina, se sirvió un vaso de agua y apoyó los codos en la barra, sintiendo el peso del mundo caerle encima, no podía mostrar miedo, no podía, porque si él caía, Mayte se rompería también y ella ya tenía suficiente con cargar con tres vidas dentro.

Por otra parte, Mayte despertó cuando sintió que la cama se movía, buscó con la mano aún con los ojos cerrados, pero Manuel no estaba, tardó unos segundos en recordar todo, la cita, el susto, el intento de secuestro, las sirenas, el llanto contenido, se llevó una mano al rostro, notando que estaba húmedo, había estado llorando en sueños, los bebés se movían, no con violencia, sino como si quisieran tranquilizarla, se acarició el vientre con ternura, pero sus ojos se llenaron de lágrimas.

Lo siento, mis amores...Mamá no puede protegerlos sola-Susurró Mayte mientras acariciaba su vientre.

La imagen de Sofía en su habitación con esa mirada llena de veneno, no se le borraba y pensar en Gerardo, en todo lo que había vivido con él en el pasado, solo le revolvía el estómago, ¿Por qué no podían dejarla en paz? ¿Por qué no podían entender que ella no quería más que vivir tranquila?, se sentó lentamente en la cama mirando hacia la puerta de la recámara, escuchó pasos, luego silencio, sabía que Manuel estaba despierto, probablemente haciendo llamadas, planeando cómo reforzar su mundo para mantenerla a salvo, y por primera vez, pensó algo que no se había permitido antes, ¿Y si esto no se detiene? ¿Y si nunca estarán a salvo?.

Manuel, volvió a la habitación en silencio, al verla sentada con las lágrimas aún en los ojos, algo dentro de él se rompió.

No voy a permitir que nos hagan daño, ¿me oyes?-Dijo Manuel arrodillándose frente a ella tomando sus manos-Ya hablé con seguridad, esta casa será una fortaleza, tú no vas a salir sola a ningún lado, yo tampoco, vamos a estar juntos, los cinco-Dijo con la voz temblorosa.

Tengo miedo, Manuel-Dijo Mayte mirándolo con sus ojos brillando entre la tristeza y el alivio.

Yo también-Admitió Manuel-Pero el miedo no nos va a ganar-Le aseguró y le dió un abrazo.

Se abrazaron, fue un abrazo largo, un abrazo fuerte, porque sabían que, si querían salir adelante, solo lo harían juntos.


...

La copa de vino tintineó contra la mesa de cristal cuando Sofía la dejó caer suavemente, Gerardo se sentó frente a ella, encendiendo un cigarro con aire despreocupado, desde la terraza del penthouse, la ciudad parecía perfecta...pero ellos sabían que la perfección era solo una fachada.

El tratoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora