Los minutos posteriores al nacimiento fueron un torbellino de emociones, mientras Manuel seguía junto a Mayte, aún con los ojos humedecidos por las lágrimas, una enfermera se acercó.
Señor Mijares, necesitamos llevar a los bebés a la unidad de cuidados neonatales-Dijo la enfermera mirándolo y Manuel tenía cara de espanto-Solo por protocolo-Dijo tranquilizándolo-Están bien, pero queremos monitorearlos un poco y mantenerlos en incubadoras para estabilizar su temperatura y signos vitales, es muy común en partos múltiples-Dijo con una voz amable pero firme.
¿Cuánto tiempo?-Preguntó Manuel frunciendo el ceño-No quiero que estén lejos de su mamá-Dijo con el instinto protector aflorando en su mirada.
Solo será un momento-Le aseguró la enfermera-En cuanto estén listos, volverán para alimentarse del pecho de la señora-Explicó con amabilidad-Pero necesitan esos minutos de observación, especialmente al haber sido tres, no se preocupe, todo está bien-Dijo con una sonrisa paciente.
Manuel asintió a regañadientes, sabía que era lo mejor, pero odiaba la idea de separarse tan pronto de ellos, mientras tanto, observaba cómo las pequeñas cunas rodaban suavemente fuera de la sala, los tres bebés dormían, ajenos al mundo, y aun así se le anudaba el pecho al verlos alejarse.
¿Todo bien?-Preguntó Mayte con voz suave agotada, apenas podía mantener los ojos abiertos, pero notó la tensión en el rostro de Manuel.
Sí, mi amor-Dijo Manuel mirándola-Solo los llevarán un rato, dicen que es normal, volverán contigo para comer...muy pronto-Dijo tranquilizándola.
Mayte asintió tranquila, confiaba en él, como confiaba en todo lo que habían construido juntos.
Manuel salió brevemente al pasillo, ya con el celular en la mano, gestionando la forma de que sus hijos pudieran estar con ellos en la habitación el mayor tiempo posible, no quería perderse ni un solo instante de esos primeros días, nada, ni un suspiro.
...
Pero no todo era felicidad en la ciudad, a kilómetros del hospital, Sofía observaba fijamente la pantalla de su teléfono, una notificación bastó para encender esa llama oscura en su interior.
"Mayte ha dado a luz"
Lo supo de inmediato...los hijos de Manuel ya estaban en el mundo, su mundo, una oleada de rabia subió por su pecho, cerró el puño con fuerza al mismo tiempo que miraba la ventana como si pudiera ver a través de los edificios hasta llegar a ese lugar donde todo ocurría sin ella.
Gerardo, por supuesto, se había retirado del plan, lo tenía bastante claro con sus comportamientos extraños y sin esa valentía que había demostrado al principio.
Cobarde, siempre supe que no aguantaría la presión-Pensó Sofía con asco.
No podía contar con nadie más, si quería que las cosas salieran como debían, tendría que hacerlo sola, tomó el teléfono y marcó un par de números, voces conocidas y obedientes respondían a sus peticiones, eran viejos contactos que aún le debían favores, en cuestión de minutos, tenía lo que necesitaba acceso, ropa y compañía.
El uniforme de enfermera le quedaba impecable, se miró al espejo una última vez antes de ajustarse la cofia.
Una más del personal, nadie se dará cuenta, no esta vez-Murmuró para sí misma.
En el hospital, el movimiento era constante, pero ordenado, las luces blancas del pasillo parpadeaban suavemente mientras Sofía avanzaba con paso seguro, acompañada de otras dos personas, una mujer y un hombre, ambos vestidos también con uniforme médico, las credenciales falsas, pero creíbles colgaban en sus uniformes, caminaban como si pertenecieran allí.
ESTÁS LEYENDO
El trato
Fiksi PenggemarManuel un hombre de negocios nieto de un importante empresario y Mayte una mujer de la ciudad hija de un prestigiado empresario, se ven obligados a casarse por un acuerdo entre sus familias sin siquiera conocerse, a pesar de las diferencias y la fri...
