Había llegado el día.
Apenas debían ser las seis de la mañana y Francisca decidió levantarse. No había dormido en toda la noche y ya no aguantaba más estar en la cama dando vueltas.
Bajó a la cocina para calentarse un vaso de leche con miel. Se sentó en la mesa del servicio y, mientras se bebía pacientemente la leche, meditando sobre todo lo que estaba por venir, llegaron Leonor y Rosario.
- Señorita ¿qué hace levantada ya?
- No podía dormir más, Tata. Así que he bajado a desayunar.
- Rosario anda, ves a planchar todos los manteles que vamos a usar hoy.
- Como usted mande tía. Con su permiso Señorita Francisca.
Rosario, advirtiendo que Leonor quería hablar asolas con Francisca, recogió todo lo necesario y se marchó a la planta de arriba.
- ¿Estás nerviosa?
- Muchísimo. Y asustada también.
- ¿Cómo es eso?
- Desde hoy mi vida va a tomar otro rumbo, tendré un marido, viviré en una casa que no es mía... Supongo que tanto los nervios como el miedo están justificados.
- Claro que lo están. Pero recuerda que no vas a estar sóla. Tanto tu padre como yo vamos a estar siempre contigo. Y pronto una personita más te dará su amor incondicional.
- Lo sé. - Dijo con una sonrisa mientras se acariciaba el vientre. - Por mi niño y por ustedes es por lo que me mantengo en pié. Tengo tantas ganas de que nazca y abrazarle, Tata...
- Y yo también. - Dijo Don Enrique que acababa de escuchar la conversación. - No veo la hora de jugar con mi nieto y llevármelo a cabalgar conmigo.
Francisca sonrió. Tras el enfado y la decepción inicial de su padre éste no había dejado de hacer planes para con su nieto. Se le veía encantado con la idea de ser abuelo.
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Raimundo y Francisca
RomansaRaimundo, con 24 años, acaba de terminar la carrera de Medicina y ha vuelto a Puente Viejo para quedarse. Francisca, de 22, se dedica a administrar sus tierras junto a su padre, Enrique Montenegro. Ambos se conocen desde niños y la amistad inicial s...
