RAIMUNDO Y FRANCISCA XXII

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Francisca se volvió hacia él y decidió seguirle el juego que había iniciado. Sin decirle nada comenzó a desabrocharle la camisa. Se alejó un momento para quitarse el camisión y quedarse finalmente desnuda ante él. Vió en sus ojos el brillo de la pasión.

Raimundo miraba a Francisca totalmente fascinado sin hacer nada, sólo la contemplaba cargado de amor.

Francisca se sentó sobre sus rodillas y comenzó a darle besos alrededor del cuello. Raimundo seguía quieto, controlando sus manos para no abalanzarse sobre ella, quería que Francisca llevara el mando para que volviera a recuperar la confianza en si misma.

Francisca notaba los esfuerzos de Raimundo por controlarse, pues hacía rato que sentía su erección. Decidió torturarle un poco más, besándole y lamiéndole el lóbulo de la oreja. Raimundo no pudo más y puso sus manos en su cadera, atrayéndola más hacia él. Ese movimiento provocó a ambos un gemido que ninguno ocultó.

Las manos de Raimundo viajaban por el cuerpo de Francisca. Hacía demasiados meses que no se sentían y ya no podía más. Apartó su pelo para dejar libre su cuello y comenzó a devorarlo.

- Te amo. - Jadeó mientras seguía besándole. - Te amo más que a mi vida. - Le siguió susurrando mientras se ponía en pie manteniéndola a ella enrosacada en su cintura.

Con total suavidad la tumbó en la cama, y, con toda la rapideza posible, se deshizo de sus pantalones y calzones para tumbarse junto a ella.

Comenzó a besarle sus pies, sus piernas, sus muslos, su intimidad... Francisca ya no podía más. Quería entregarse a él y sentir el cielo. Raimundo prosiguió su camino de besos por el vientre, los pechos, el cuello... hasta llegar a sus labios. Todo ello sin dejar de acariciar sus partes íntimas.

- Raimundo... - Le llamó rogándole con la mirada que la hiciera suya.

- Francisca... déjame besarte un poco más... - Le pidió él incrementando el ritmo de sus dedos. Deseaba que Francisca alcanzara el clímax y por ello trataba de excitarla al máximo.

Francisca se sentía desfallecer, hacía rato que era incapaz de controlar su cuerpo. Deslizó su mano por el pecho de Raimundo hasta llegar a su miembro y comenzó a acariciarlo.

Raimundo gimió ante el último movimiento de Francisca. Sabía que no podría aguantar mucho más si ella seguía tocándole, así que cogió sus dos manos para entrelazarlas con las suyas, y entró.

- Si te hago daño, dímelo mi vida. - Le pidió él, pues aunque ya hubieran pasado dos meses desde el parto, temía hacerle daño.

- Mi amor, siento de todo menos dolor. - Le respondió ella mientras llevaba sus manos al trasero de él para hacerle entrar más.

Raimundo aceleró el ritmo totalmente descontrolado. Francisca no cesaba de gemir y sentía que estaba a punto de llegar al orgasmo. Raimundo lo notó y la rodeó con sus brazos para que, con un rápido giro, colocarla a ella arriba, pues sabía que ella lo prefería.

Francisca, totalmente entregada, comenzó a galopar sobre él, quería sentirle lo máximo posible. Raimundo sumergió su cara entre sus pechos, tratando de retrasar al máximo su climax, pero no pudo contenerse y estallo. Junto a él lo hizo Francisca.

Siguieron abrazados durante minutos, tratando de controlar su respiración y recobrar la movilidad de su cuerpo hasta que al fin, Raimundo comenzó a hablar.

- Debo reconocer, que cada vez supera a la anterior. - Le dijo sonriente mientras le acariciaba la mejilla. - También he de reconocer que cada día te amo más si cabe. - Confesó mientras se incorporaba para besarle.

Raimundo y FranciscaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora