Capítulo 3

1K 98 4
                                        


Hogar dulce hogar, tiro mis llaves sobre la mesa de la cocina y abro la heladera en busca de una botella de agua. Visualizo una nota de Mike pegada en la puerta que dice que volverá tarde de la oficina y que me divierta con precaución. Reí al leer eso ya que esta misma mañana me estaba dando permiso de alocarme... ¡Hombres! ¿Quién los entiende?

Subo las escaleras para ir a darme una ducha y mi teléfono comienza a sonar, lo saco de mi bolsillo y contesto con una sonrisa inevitable.

— ¿Ya me extrañas? —pregunto riendo.

— Ja, sí claro, me olvidé que debo que arreglarte para esta noche así que baja y ¡Abre la puerta! —Mel grita tan fuerte haciéndome notar que está afuera. Bajo corriendo y abro la puerta.

— Oye, solo pasan treinta minutos de las seis ¿cómo le hiciste para llegar tan rápido? —cuestiono curiosa.

— Bueno… —dice adentrándose a la casa —, llegué, saludé a mis padres, les dije que saldríamos por tu cumpleaños, tomé las llaves, el maquillaje, la ropa, les di un beso y salí. No creo haber demorado tanto en ese proceso. Por cierto, te desean feliz cumpleaños.

— Gracias y ahora iré a ducharme, tú haz lo que tengas que hacer —anuncio y me dirijo a las escaleras nuevamente.

— Eso haré, gruñona —replica siguiéndome el paso.

Luego de mí no tan relajante ducha, ya que mi odiosa mejor amiga golpeaba la puerta cada cinco minutos solo para estorbarme, salgo del baño y entro a mi habitación.

— Ya era hora —reprocha bajando de mi cama—, me toca ducharme. ¡Y no sé si nos dará el tiempo de quedar perfectas! —exclama desesperadamente.

— Relájate quedan tres horas aún —digo en un intento de tranquilizarla. Tomo mi ropa de las bolsas del centro comercial para comenzar a vestirme.

— ¿Y crees que es suficiente? —pregunta retóricamente mientras sale de la habitación.

No estoy lista para lo que vaya a suceder esta noche, todo esto es completamente nuevo para mí y sinceramente disfruto demasiado tener el control de las cosas por lo que es horrible estar en esta situación y no poder decidir qué hacer o cómo hacerlo.

Luego de estar completamente vestida comienzo a secarme el cabello, Mel entra cinco minutos después parloteando de cómo debe verse mi peinado y maquillaje. La dejo a ella encargarse de esa parte ya que es la experta en todo esto.

— Lista —sonríe y gira la silla para que me vea en el espejo.

— ¡Ay por Dios! — ¿En verdad soy yo? Nunca imaginé que podría lucir así.

— ¿Ves? Te ves hermosa y mayor que es lo que importa —me guiña un ojo.

— Gracias, en verdad me gusta Mel —le sonrío.

Ha hecho mucho por mí y no solo hoy sino desde aquel día en que nos pusieron juntas en un trabajo de segundo grado, a regañadientes aceptamos y desde entonces somos inseparables.

— Ay, no hay de que —me abraza con fuerza—. ¿Estás lista para la mejor noche de tu vida? —grita emocionada.

— Eso creo… —contesto ofreciendo mi mejor sonrisa.


***


En la fiesta hay muchas personas sudorosas bailando de una manera extraña y saltando sin parar. No pasan cinco minutos cuando tengo un vaso rojo en mi mano lleno de un líquido que de seguro es alcohol y sin darle mucha vuelta al asunto le doy un buen trago. Siento como la dulce y fría bebida me quema la garganta.

— ¿Está bueno, eh? —pregunta Melissa con una sonrisa maliciosa.

— No está mal —me encojo de hombros como si no fuera la gran cosa.

— Bien, toma muchos de esos —se acerca un poco más para susurrar algo—, los necesitarás —su risa histérica me toma por sorpresa.

— Ok… —le doy otro trago.
Mel está muy loca esta noche y creo que se le alocan las hormonas con tantos hombres cerca.

— ¡Vamos a bailar! —grita y la sigo a la pista de baile al igual que varios chicos.


Estar aquí, en este lugar viendo como todos “bailan” como locos (yo incluida) y beben sin parar no era la idea de cómo quería festejar mi cumpleaños, no digo que prefiera las cenas de comida rápida de McDonald's que organiza mi tío cada año, pero sin duda esto es peor. No hay nada peor que estar en una fiesta repleta de gente alcoholizada y seguramente drogada, nada peor que estar bailando sola, rodeada de extraños que quieren poner sus manos donde no deben, con un vaso lleno de un líquido completamente desconocido para mí; un momento. ¿Extraños? ¿Dónde diablos se metió Melissa? Juro que mataré a esa rubia loca.

Recorro el lugar como puedo, pero no la veo por ningún lado y eso me asusta porque sé que hay muchos pervertidos aquí que no dudarán en aprovecharse de ella y más si está ebria, busco en el baño y gracias a los Dioses la veo arrodillada frente a uno de los inodoros expulsando todo el contenido de su sistema, me acerco y le sostengo el cabello.

— ¿Dónnnde estaaabasss? —pregunta arrastrando las palabras, sin duda está ebria.

— ¿Cuánto bebiste? —le pregunto mientras la ayudo a levantarse del piso.

Abro el grifo uno de los lavabos para que se enjuague la cara y se despabile un poco del alcohol. Ignoro el hecho de que tiene vómito en el cabello e intento limpiarlo sin expulsar todo el contenido de mi estómago también.

— No loo sé perdí la cuenta después dee jugar cervezzzaa pong —dice frotándose la frente en un intento de recordar y comienza a hipar.

— Bueno, creo que fueron muchos juegos por hoy —suspiro—, ¿pizza y una peli en casa? —le sugiero con una sonrisa.

— Buena iiidea, lamento ha-haberte dejado sola y haberte arruinado la-a nooche —tartamudea.

Salimos del baño y nos adentramos de nuevo en la pista en un intento de pasar a través de las personas. Ignoro fácilmente sus disculpas mientras comienzo a zigzaguear buscando la salida más cercana e intentando que Melissa no se caiga sobre su ebrio trasero.

Ya estábamos a punto de llegar al final de esta interminable pista de baile cuando siento un par de brazos rodeando mi cintura.
¿Y ahora qué?

Disfruten, comenten y muchas gracias...x

Un Pequeño  Cambio De Planes ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora